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26 de febrero de 2016

DESDE BRASIL

DESDE BRASIL

Julían Martín Paniagua, fue delegado de misiones en Plasencia.
Ahora es misionero en Brasil.
Desde allí nos escribe una amplia carta de la que extraemos algunas vivencias.

“Y el caballero escucha”
“… por difíciles que sean las circunstancias que te rodeen, adopta siempre una actitud positiva. Tus circunstancias cambiarán y siempre irán a mejor en la medida en que no te resignes ni te entregues al pesimismo. Si el reto que tienes ante ti es difícil, vívelo como una gran oportunidad; sírvete de este consejo para ir más allá de ese “tú” que eres hoy y conviértete en quien puedes llegar a ser mañana.” (“Los siete poderes”)

Con esto quiero comenzar algo que hace unos días comentamos Tiago y yo; me dice: “ya comienza otra etapa de tu noviciado”. Se estaba refiriendo a que Edinaldo, sacerdote brasileño me va a acoger en su casa para dar los primeros pasos en portugués sin caer en la tentación, más bien caída constante, de usar el español para comunicarme.
Mes y medio de presencia en estas tierras brasileñas han hecho que experimente que estoy naciendo de nuevo. Que he vivido este tiempo marcado por: la convivencia, sobre todo con Tiago y en algún momento con Carlos y Luis Ángel; con los sentidos abiertos para escuchar no sólo con los oídos, sino con el corazón, a tantas personas que he conocido y que tanto cariño han derramado sobre mí; poder tener las primeras intuiciones de cómo es este pueblo, sobre todo en la periferia de Juazeiro, como el acercamiento al mundo rural brasileño y su diversidad; descubrir el trabajo y la pedagogía que, desde una experiencia profunda de fe están realizando estos hermanos aquí en esta tierra.
Es verdad que las circunstancias no han sido positivas, y no digo las circunstancias ambientales en Brasil, sino las circunstancias, sobre todo familiares. Pero también otras circunstancias de las personas a las que he dejado en las parroquias, que todavía lo lleva uno en el interior, aunque, también es verdad, espero llevarlas siempre.
Pero a la vez se han abierto nuevas perspectivas. Por una parte, todo lo que he aprendido, y me queda por aprender, de Tiago. Su estar en la periferia, su entrega generosa, su preocupación constante, su alegría sin medida y su vida austera y pobre que es signo de la presencia de Dios en su vida. Un hombre de Dios que abre los brazos para acoger a todos, pero con la mirada puesta siempre en los más pobres. Muchos detalles y momentos podría describir, pero me quedo con esa ternura de corazón que se hace realidad en cada palabra, en cada gesto, en cada broma, en cada relación. Parece que es Dios mismo el que brota de él mismo, bueno, no parece lo es. Es ese amor sin medida, es ese corazón que mira con entrañas de misericordia porque es Dios mismo el que mira; Tiago sólo le ha prestado sus ojos a Dios, y ya no es él el que mira, es Dios Padre que mira desde él. De Carlos y Luis Ángel son los compañeros, que desde la distancia, han estado siempre cercanos, preocupados por mí, pero ellos sabían que estaba en las mejores manos; además de compartir unos días más en profundidad con ellos y acercarme a su ternura y a su compartir generoso y acogedor.
He experimentado nuevamente, lo que es el cariño desmedido de la gente. No sólo por sus saludos, sino por La acogida que me han prestado. Todas las personas se acercaban, te acogía, te miraban, te hacían un sitio a su lado, … te miran y te tratan con mucho cariño y hacen el esfuerzo por entenderte. Podría decir muchas personas, muchas de verdad,… pero tengo una en mi memoria y en mi corazón. Una mujer joven, sencilla, pobre, muy pobre,… pero con unos brazos abiertos y unos ojos que trasmiten cariño a pesar de ser unos ojos tristes, marcados por la hondura de una vida vivida desde las dificultades personales, familiares, económicas,… Hoy cuando me abrazaba la sentía muy, muy, muy cerca, era casi un abrazo de despedida porque tardaré en verla aunque no la he dicho que a partir de mañana tardaré en volver a venir por aquí, si es que algún día vuelvo. La comunicación ha sido con ella desde lo profundo del corazón. Puede ser difícil de que lo entendáis, pero, aunque no es la primera vez ni será la última, la llevo en mi retina pero sobre todo la llevaré dentro de mi corazón. Será de esas personas que no se me olvidará, como otras muchas, ponerla cada día en las manos de Dios.
Mirad, estos hermanos del IEME no son perfectos, ni están haciendo nada extraordinario que no sea lo que normalmente hacemos los curas en nuestras parroquias. Pero en estos lugares que no cuentan para nadie, son los lugares fundamentales en sus vidas. Estas personas anónimas y desconocidas por todos, son el rostro viviente de Dios.
Y se me viene a la memoria el significado de las palabras “imagen y semejanza” en la creación. Sabemos que Yhaveh nos hizo como Elohim en cuanto a las cualidades intelectuales, como el pensamiento abstracto, la creatividad, la imaginación y la habilidad de formular planes. Pero implícitamente, los términos hebreos usados aquí tienen que ver con la forma y apariencia. La palabra hebrea “tselem” (“imagen”) se usa en el sentido de una estatua, mientras que “demut” (“semejanza”) se refiere al parecido físico. Por tanto hablar de una estatua nos transporta, sin embargo a otro contexto, situándonos, por ejemplo frente a un monumento. En él se ha representado a alguien a quien debe tenerse presente en la memoria. Ese alguien no está ahí, pero la estatua despierta su recuerdo. Que la representación sea realista, haya sido idealizada o responda a una intervención caprichosa, carece en realidad de importancia. Todo el que contemple el monumento recordará. La estatua cumple una función: evocar. Y parecido físico sabemos lo que es; podríamos decir que somos “mellizos” de Dios. Algunos autores también hablan de sombra de Dios en tanto que la luz proyectada ejerce una sombra a la realidad que se proyecta, que aunque la sombra es una proyección, existe una unidad indivisible entre la luz y la sombra proyectada que es inseparable. (Vaya, qué bien he quedado , ¿verdad?)
Y después de esta disquisición sigo, son personas que sin ellas no serían nada, ¿qué sentido tendría su ministerio misionero si no vieran en cada persona, barrio, pueblo, comunidad, … estatuas de Dios o reflejos de la luz de Dios? Y esta es su tarea misionera: si nos queremos acercar a Dios sólo lo podemos hacer desde los hombres y sus circunstancias. Pero a la vez también uno vive que es estatua o sombra de Dios, que evoca y es la sombra de Dios con su vida, y ¡qué importante es descubrir esto! Gracias Señor porque a lo largo de mi vida me has ayudado a descubrirlo, y ahora me pones en otra situación que hace que no se me olvide esa experiencia. Y desde aquí, todo lo que hacen es servir a Dios en cada persona y circunstancia, y Dios pide y desea el desarrollo humano, la paz, la justicia y la fraternidad, nada más ¡y nada menos! Y a esto, tienen dedicada su tarea y su vida.
Sé que no sólo ellos actúan así, que hay muchos hombres y mujeres que lo hacen, lo hacéis y lo hacemos. No se trata de heroicidades, sino de testimonios dentro de otros muchos. Pero que hasta ahora han sido mis primeros espejos donde mirarme en esta tierra nuestra.
Y me quedaría por contaros las primeras impresiones de esta tierra, de esta realidad, de su situación humana, socio-política-económica y religiosa. Me parece un poco pretencioso por mi parte decir algo, y con el riesgo de comparaciones. Me da miedo, porque estas primeras impresiones suelen ser muy peligrosas porque tienes en tu cabeza lo que traes y en tu corazón a tantas personas y realidades que durante estos años he conocido, o llevas en tu intelecto la situación humana, social y religiosa de las realidades que yo conozco allí. Pero con mucho temor y temblor voy a deciros unas palabras.
La primera es de sorpresa. ¡Un país de los más ricos del mundo (parece ser que séptimo) y está en una realidad que más bien podría parecerse a muchas realidades africanas, el continente más pobre del mundo! Un pueblo necesitado de luchar por una justicia, por lo menos, más distributiva. Un pueblo necesitado de unos servicios mínimos: de higiene, educativos y sanitarios. Esto es lo primero que te sorprende al llegar aquí y, cómo no, comparar.
La segunda impresión es de acogida y alegría. Los pobres siempre acogen porque dan todo lo que tienen: ¡cuántos “cafezinhos” de acogida! ¡Cuántos apretones de manos y abrazos! El que no tiene, resulta que es el que más tiene, recordemos a la viuda del evangelio.
Religiosamente sí es un pueblo religioso, no sólo desde la Iglesia católica, sino como dice Tiago, “nuestros hermanos evangélicos”. En esta realidad de fe posiblemente nos parezcamos mucho hay personas con más y con menos experiencia de fe y de comunidad, pero desde aquí es desde donde se está sembrando y ofreciendo una experiencia cada día más profunda, sabiendo que la Iglesia será de minorías o no será. Pero esas minorías son las que fermenta la masa de la justicia, del amor y de la fraternidad, y son las que dan sabor a los hombres, y las que reflejan la luz de Dios Padre que hace salir el sol para todos.
Y termino. Ahora voy a comenzar la segunda parte del “noviciado”, bueno o podemos también decir del “postulantado”. Bueno, a comenzar con ilusión esta etapa de formación en el idioma, la historia, cultura,…. Brasileña.
Y podría terminar cómo lo hace Juan en su evangelio: muchas otras cosas he vivido y experimentado, pero que en este torrente de ideas y vivencias son las que primero me han salido. Valgan para dar un homenaje a mi familia, a todos vosotros, a las personas con las que tanto he ido compartiendo estos años; … y a estas personas de aquí con las que he podido compartir momentos, algunas palabras, pero sobre todo sonrisas, manos acogedoras y corazones abiertos. Y por último a IEME, representado especialmente por Tiago, Luis Ángel, Carlos y aunque en menos momentos Avelino.
Espero que este reto que tengo ante mí se abra a una nueva oportunidad y llegar a ser lo que Dios quiera para mí. Muchas Gracias. A todos y por todo.