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2 de octubre de 2014

Nueva versión de la Biblia en chino


Los misioneros claretianos de la comunidad china de Macau han publicado recientemente una nueva y dinámica traducción del Nuevo Testamento a la lengua China moderna. El texto ha sido traducido directamente del original griego por un equipo de biblistas chinos, expertos en la materia, que han hecho un gran esfuerzo a lo largo de seis intensos años de trabajo.
El libro contiene además la traducción y adaptación del “aparato crítico” - las notas a pie de página – de la “Biblia de nuestro Pueblo”, editada por los claretianos en español, de gran éxito en América Latina. Consta también de una guía de “Lectio Divina” para cada párrafo.
A diferencia de otras lenguas que poseen diversas y variadas traducciones de la Biblia, hasta el momento la Iglesia Católica China solamente tenía aprobada una versión de las Sagradas Escrituras, utilizada desde hace 50 años, pero que actualmente no se adaptaba a la manera moderna de hablar el chino.
Además de esta edición del Nuevo Testamento, las publicaciones claretianas continúan su empresa evangelizadora con otras ediciones que le están abriendo camino en el ámbito cristiano de este gran país. Entre estas publicaciones, destacan el pequeño diario bíblico anual titulado “Evangelio y Vida” (que ya va en la edición del año 2015) y el libro “Mente abierta, corazón creyente”, del cardenal Jorge Mario Bergoglio, el ahora Papa Francisco.
Los misioneros claretianos también editan, junto a otras editoriales, la Biblia en portugués que distribuye la editorial Ave María del Brasil y de la que se han publicado ya unos 200.000 ejemplares.

29 de septiembre de 2014

Un puente en la misión de la Trinidad, al norte de Tailandia


Según informan desde el PIME, acaba de terminar la construcción del puente de piedra que une la misión de la Trinidad con la ciudad de Ban Thoet, al norte de Tailandia, a una decena de kilómetros de la frontera birmana. El padre Claudio Corti, que pasó varios años de misionero en la parroquia de Fang, de la que depende esta misión, recuerda la historia de esta obra, en la que han ayudado varios misioneros del PIME. El PIME, el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, es el equivalente italiano del español IEME, un cauce a la misión para los sacerdotes diocesanos italianos.
Cuando se formó hace veinte años el primer núcleo de cristianos en la zona de Ban Thoet Thai, el entonces párroco, el padre Giovanni Zimbaldi, compró un gran terreno que, sin embargo, estaba separado de la ciudad por un gran río, imposible de atravesar durante la época de lluvias. Se construyó un puente colgante de madera – reconstruido en numerosas ocasiones – que garantizaba el paso entre la misión y la pequeña ciudad.
Quedaba el problema de unir la misión de manera “más sólida”. Y es que el material para la construcción de la iglesia de la misión se llevó a mano por el puente colgante. Además el objetivo siempre fue garantizar la seguridad de los más de 50 niños que viven en la misión y que, diariamente, pasan por el puente para ir al colegio.
Comenzado por fin en enero de este año, el puente ya está en pie. Quedan algunos detalles, como pavimentar el caminito que lleva al mismo – cuyo coste las autoridades locales han garantizado que asumirán. Este puente es una huella más dejada por estos sacerdotes misioneros italianos en Tailandia, durante 40 años de misión y de ayuda a los demás, desde que en 1972 llegaran los primeros misioneros del PIME al país. Fueron Angelo Campagnoli, fallecido en el 2012, Silvano Magistrali y Giovanni Zimbaldi. Este último fue el que fundó la misión de la Trinidad, tan cercana a su querida Birmania de la que había sido expulsado unos años antes y en la que murieron mártires nada menos que cinco misioneros del PIME

15 de septiembre de 2014

Un catequista de Singapur ha acompañado a 1.200 personas mayores en su conversión al catolicismo


Según informa la agencia católica UCA News, gracias a los esfuerzos de un veterano catequista, Andrew Goh, 11 personas, la mayoría con más de 40 años, recibieron los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía el pasado agosto en la Iglesia de la Sagrada Familia de Singapur.
La labor de Goh es única. Este catequista de 77 años lleva desde 1993 dando catequesis desde 1993 a personas mayores.
El padre Damian de Wind presidió la ceremonia, a la que asistieron familiares y amigos de aquellos que se bautizaban. “Soy feliz”, exclamaba María Chan, de 73 años, tras recibir los sacramentos. El hermano de María, Joseph, agradecía a Andrew su labor al ayudar a convertirse al catolicismo a su hermana: “Gracias a Andrew, finalmente ella se ha bautizado”, decía emocionado.
Otro nuevo católico, Derrick Wong, de 65 años, también comentaba la labor de este catequista, añadiendo que le había dado versículos de la Biblia para que se los aprendiera, que él había puesto en la puerta de su frigorífico.
Goh usa diversas ayudas visuales para compartir la Buena Nueva con las personas mayores. Estas ayudas incluyen desde imágenes en color a semilla de mostaza, sal, pan, uvas, una cuerda… que sirven para comprender mejor el mensaje.
Andrew Goh ha dado catequesis, preparándolos para el bautismo, a más de 1.200 personas mayores desde 1993, que empezó esta tarea. Trasladándose con su motocicleta, da “clases particulares y a domicilio”, persona por persona, en casas, cafeterías, jardines, además de catequesis semanales en dos parroquias de la ciudad: la Iglesia de Novena y la de la Sagrada Familia.
Las lecciones en las dos Iglesias se imparten en inglés y en el dialecto de Singapur. Con al menos 40 personas que asisten a cada sesión, los números siguen creciendo. Sólo este año, ha ayudado a 60 personas mayores en su camino hacia el bautismo, dice él mismo.
La gente se entera de las clases de este catequista a través del boca a boca.
Andrew no encuentra su labor especialmente difícil ni como un gran desafío porque “quiero tanto al Señor que Él me ayuda”

4 de septiembre de 2014

María Matos Lafuente, misionera en Corea


Con motivo de la visita del papa Francisco a Corea del Sur, el testimonio de la misionera María Matos Lafuente, nacida en Cáceres, tiene para nosotros un especial atractivo.
— María, ¿dónde transcurrió tu infancia?
Yo nací en Cáceres, donde vive la familia de mi padre, pero debido al trabajo de mis padres estuvimos viviendo muchos años, hasta los 9 años, en un pueblo de Guadalajara, Cifuentes. Y a los 9 años más o menos nos mudamos a Pozuelo de Alarcón (Madrid).
—¿Como se desarrolla actualmente tu trabajo en Corea.
Nuestra Comunidad Misionera "Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios" hace 8 años que llegamos a Corea. Es un tiempo muy corto, teniendo en cuenta la diferencia cultural, del idioma... Y sin embargo, en estos años Dios nos ha ido abriendo rápido las puertas de la Iglesia en Corea.
Estamos colaborando a nivel diocesano en la Pastoral de Juventud, participando en los "clubs católicos" de tres universidades y "caminando cerca" de los que viven los jóvenes universitarios. También estamos colaborando en un programa de nuestra diócesis que se llama FIAT (Friendship In Asia for Teenagers). Es un programa para chicos de la secundaria que consiste en crear lazos de amistad entre ellos y jóvenes de otro país de Asia y "provocar" una experiencia de valoración y respeto hacia el otro. ..Luego están las actividades concretas que surgen, como el Asian Youth Day (13-17 Agosto 2014) y la visita del Papa, las distintas JMJ... donde también colaboramos en el equipo que lo organiza, y retiros que nos piden dar durante el año en alguna parroquia de la diócesis. 
Y por último en nuestra casa vamos caminando y acompañando a través de formaciones, retiros, grupos de oración a un grupito de señoras y jóvenes que les atrae la espiritualidad de la Comunidad y se van sintiendo parte de ella.
— ¿Cómo surgió su vocación religiosa y misionera?
Todo fue durante mis estudios de enfermería. Elegí esta carrera porque quería hacer algo por el mundo y tenía el sueño de poder ir a algún país pobre con alguna ONG y ayudar a los demás. Pero en el último año de carrera una compañera de clase me invitó a un retiro en silencio de una semana. Nunca había hecho un retiro así, por eso al principio me costó no poder hablar o ir dándome cuenta que dentro mío había muchas vivencias, sentimientos, que no sabía cómo expresar y  me dejaban siempre una sensación de soledad muy fuerte. Sin embargo, en el último día hubo una canción que cantaron que me tocó muy hondo: “Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que vinieras a mí… Yo sé bien lo que has sufrido, yo sé bien por qué has llorado… PUES NADIE TE AMA COMO YO…”. Me fui a una capillita que había, y así, sin saber bien cómo explicarlo, sentí por primera vez que estaba delante de Alguien que me intuía, que sin yo decirle nada sabía lo que llevaba por dentro, y que sabiéndolo me comprendía y me amaba profundamente. Fue un momento muy sencillo, pero que cambió por completo mi vida.
Cuando volví a casa sentí que algo había cambiado en mí y quería cuidar esta experiencia que había tenido, aunque no sabía bien cómo. Sin embargo, en ese tiempo la Comunidad misionera Servidores del Evangelio llegó a mi parroquia y empezaron un grupo misionero y de oración. Así que con ese deseo que tenía empecé a participar en las reuniones, aprender a orar, iba por la casa de las misioneras y la alegría tan grande que venía en ellas me atraía un montón. Yo ya estaba trabajando de enfermera y desde el trabajo intentaba vivir según el evangelio. Pero un día, viendo a mis compañeras de trabajo, el ambiente de poca alegría, fraternidad que se respiraba, pensé: “si estas personas tuvieran la experiencia que yo he tenido del amor de Dios, seguro que vivirían con más alegría y sentido”… Y al poco tiempo pensé: “Jesús, igual que mis compañeras de trabajo, seguro que hay muchas personas en el mundo que necesitan encontrarte vivo en su vida”… Y poco a poco, detrás de estas ideas, fui intuyendo que igual Jesús me llamaba a dejarlo todo y entregarle mi vida para compartir con los otros esta experiencia de su Amor que había cambiado mi vida… Y desde entonces estoy en este camino de vida misionera…

— ¿Qué tiempo lleva en Corea? ¿Qué es lo que más le impresionó al llegar?
A Corea llegué a principios del 2011, así que llevo tres años y medio. Lo que más me impresionó fue no entender absolutamente nada, salir a la calle y no poder leer los carteles, escuchar a la gente y no comprender nada de lo que decían. Y a la vez, sentir que los coreanos son un pueblo muy acogedor,  que te hace sentir en casa con mucha fuerza. Y otra cosa que me encantó fue la naturaleza del país. El 70% es montaña y el resto está lleno de campos de arroz. Es una auténtica preciosidad.
 ¿Cuáles fueron las dificultades más serias para adaptarse a una cultura tan diferente?
Para mí una de las dificultades más grande es el idioma, porque es muy difícil de aprender y se necesita mucho tiempo. Y si no sabes bien el idioma es difícil comunicarse, comprender al otro… Pero por otro lado, y esto creo que es más difícil que el idioma, la cultura coreana (y creo que asiática en general) es muy diferente a la occidental. Tiene otras bases, raíces distintas, como son el confucianismo, el budismo, y esto, para nosotros los occidentales, es algo muy desconocido.
 ¿Cómo se prepararon para la visita del Papa?
La verdad que fue toda una sorpresa. Las Jornadas Asiáticas de la Juventud se llevaban preparando desde hace tres años y fue recién el pasado marzo que se confirmó la visita del Papa Francisco.
Por otro lado vimos cómo todo el pueblo coreano, el gobierno también, puso todo el esfuerzo en colaborar en la preparación a muchos niveles (anuncios, organización desde la policía, las empresas de alimentos, el alojamiento). Y fue también admirable la participación de muchísimos voluntarios de la diócesis de Daejeon, que con mucha alegría, disponibilidad, dieron su tiempo, sus fuerzas para sacar adelante esta visita y las Jornadas Asiáticas de la Juventud.  
 ¿Cómo han visto los coreanos no católicos al papa?
Todos se han volcado en la preparación de esta visita y en todos los lugares se hablaba de ello. Sentimos que el testimonio que transmite el Papa Francisco de sencillez, espontaneidad, alegría, acercamiento a los más pobres... ha calado con fuerza en el corazón de los coreanos y suscita mucho respeto y valoración. Y es muy común ir al mercado, tomar el autobús... y que la gente saque el tema de la visita del Papa y nos pregunten, nos digan lo mucho que admiran al Papa Francisco...
El Papa Francisco ha sido un testimonio claro de cercanía con los que más sufren y esto ha conquistado el corazón de todos los coreanos.
— ¿Qué le ha impresionado más de la figura del Papa Francisco?
Lo que más me ha impresionado ha sido su LIBERTAD en medio de una sociedad muy estructurada y desarrollada tecnológica y económicamente. Su libertad como para tomar opciones distintas a lo que se esperaba, como fue elegir el coche coreano más pequeño para desplazarse por el país, o visitar de improviso al estudiantes jesuitas de la universidad, o dejar a un lado los papeles preparados y hablar con espontaneidad, corazón a corazón a los jóvenes durante las Jornadas Asiáticas de la Juventud… Una libertad que permite no dejarse enjaular por lo que propone la sociedad y permite vivir al ritmo del Evangelio. Me ha encantado…
 ¿Tendrá, esta visita algún impacto en Corea del Norte?
Ojalá que sí. Dentro del mensaje que el Papa nos ha venido a traer ha estado el llamado a luchar por la paz y la unidad entre “las dos Coreas”. “Corea del Norte y del Sur tienen la misma lengua y cuando se comparte la misma lengua se es de una misma familia”, nos ha dicho el Papa. Creo que ha leído el corazón de muchos coreanos que sueñas y anhelan la reunificación del país. Y por eso este mensaje ha debido ser de mucha esperanza.
 ¿Cuáles serán los efectos de esta visita para la Iglesia de Corea del Sur?
Creo que el testimonio del Papa Francisco, su mensaje a través de los discursos que ha dado, y sobre todo, a través de su vida, ha marcado mucho la sociedad y la Iglesia coreana. Por un lado su testimonio de sencillez, alegría, pobreza creo que puede ser una llamada fuerte a la Iglesia de Corea a vivir "pobre para los pobres".
Por otro lado, el Papa ha hablado a los jóvenes con fuerza del papel tan grande e importante que tienen en la sociedad. La sociedad coreana actualmente vive un desarrollo enorme a nivel económico, tecnológico… y a la vez también el consumismo, materialismo ha crecido mucho. Por eso las palabras del Papa de no tener miedo a ir contracorriente y optar por el Evangelio en medio de la sociedad y el tiempo que a los jóvenes les toca vivir han sido muy importantes. Y pienso que muchos jóvenes han escuchado el llamado de Dios a sus vidas a través de estas Jornadas y la figura del Papa.
Por último me parece que ha sido un momento para abrir el horizonte a la Iglesia universal y sentirnos parte de una Iglesia más amplia. A veces creo que Asia "se siente lejos" de la Iglesia de Roma, físicamente, y sobre todo, culturalmente. Por eso creo que la visita del Papa nos hace visible que somos parte de una Iglesia Madre grande y universal.
Grupo de misioneras Servidores del Evangelio: de izquierda a derecha Alaitz (española en Japón), Laurence (belga en Corea), Paula (portuguesa en Japón), Aneta (polaca en Japón) y María (española en Corea)
 

Retiro con jóvenes en nuestra casa


FIAT (Friendship in Asia for Teenagers), programa de amistad y voluntariado con chicos coreanos de la secundaria en Indonesia

28 de julio de 2014

Los fieles de España y de Indonesia unidos en el apoyo a 45 seminaristas de Sulawesi, Indonesia


Son 45 jóvenes indonesios, quieren ser sacerdotes y estudian y viven en el Seminario Anging Mammiri de Makassar, Indonesia. Sin embargo, estos datos ocultan el hecho de que los católicos son sólo el 1,6% de la población de Makassar, unos 190.000. No hablan del hermoso entorno natural que rodea Makassar, en la isla de Sulawesi, Indonesia – una isla que los portugueses, por su forma de y griega dada la vuelta y por sus recovecos, consideraron archipiélago, las Célebes. Tampoco muestran las dificultades de mantener este seminario en funcionamiento, en una diócesis pobre pero llena de esperanza. Las Obras Misionales Pontificias de España enviaron este curso al Anging Mammiri 26.196 dólares para ayudar en la formación de estos jóvenes. Una cita a la que las Obras Misionales no han faltado en los últimos años, gracias a la campaña de Vocaciones Nativas, que celebraremos este domingo 27 de abril, en coincidencia con la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, dos grandes Papas misioneros. Esta suma, fruto de las pequeñas donaciones de tantos fieles a favor de las Vocaciones Nativas, es sólo una cuarta parte del presupuesto del seminario. El resto también es fruto del esfuerzo de muchos.
Los primeros en arrimar el hombro son los mismos seminaristas. Dado que hay espacio suficiente en los terrenos del seminario, los seminaristas dedican tiempo de su día a día a plantar y cultivar una huerta, con verduras y árboles frutales, que produce lo suficiente para minimizar los gastos diarios. Y es que el trabajo forma parte de la tradición de este seminario. En el 2006, cuando el tsunami asoló en aquel año las costas de Indonesia, los seminaristas no dudaron en retrasar sus estudios unos meses para ayudar a reconstruir viviendas y cuidar a los afectados.
Las familias de los seminaristas también aportan pagando las necesidades primarias de sus hijos, como son ropa, zapatos, material escolar y artículos de aseo. Pero como dice el rector, el padre Petrus Bine Saramae, “nuestros seminaristas vienen de familias humildes y pobres que dependen mayoritariamente del cultivo de la tierra y de productos como la yuca, el maíz, las judías y los vegetales de consumo diario. Los esfuerzos de las familias no siempre tienen éxito. En ocasiones no obtienen buenas cosechas debido a lo incierto e impredecible del tiempo”.
Otra ayuda viene del mismo padre Petrus y de los otros tres formadores a tiempo completo del seminario. Elegidos entre los mejores sacerdotes de Makassar, y con una formación sólida, los cuatro hacen de rector, vicerrector, ecónomo, profesor, bibliotecario, jefe de estudios…
Y luego está el obispo de Makassar, Mons. Johannes Liku Ada’. La ayuda al seminario es un tema presente en casi todas sus homilías. También ha hecho que la colecta de muchos domingos del año tenga como destino el seminario, de manera que los pequeños donativos de los fieles de España se suman a los que aportan los fieles indonesios.
El periodo de formación de los seminaristas dura 8 años. Comienzan con un año de que llaman de “formación propedéutica”, en el que se subsanan las necesidades de formación básica o se potencian las capacidades de los nuevos seminaristas. Luego siguen cuatro años de formación filosófica, un año de formación pastoral y dos años de formación teológica. Es el camino que han seguido más de 100 sacerdotes ya ordenados en el Anging Mammiri desde 1978. Un camino que exige sacrificios

22 de julio de 2014

Sumanahalli: “Los leprosos saben que hacemos lo que hacemos porque somos cristianos y religiosos”


En 1988, el Arzobispo Alphonsus Matias de Bangalore pidió a los claretianos – los religiosos fundados por el catalán San Antonio María Claret – que se hicieran cargo de la “Sociedad Sumanahalli”, una obra increíble a las afueras de la gran ciudad de Bangalore. En el transcurso de estos veinticinco años, los Claretianos han ido aumentando continuamente su compromiso con Sumanahalli, un lugar donde se atiende a cuatrocientos leprosos, a personas afectadas por el VIH-SIDA, a personas discapacitadas, a huérfanos, a niños de la calle y a delincuentes juveniles.
Mientras que la lepra se ha extinguido en la mayor parte del mundo, la India, en el año 2011, presentaba todavía el 60% de los casi 220.000 nuevos casos mundiales. Cifra en la que no se cuentan las personas ya afectadas, que han desarrollado deformidades y que requieren atención permanente. Aparte del peligro de contagio, la lepra es un estigma social y la mayoría los leprosos quedan sin hogar o desaparecen en el anonimato de lugares como Bangalore, donde tienen que mendigar para sobrevivir.
En 1976, Shri Amaidhi Devaraj Urs, Primer Ministro del Estado de Karnataka, dijo al Arzobispo Arokiaswamy, “sólo la Iglesia puede ofrecer el tipo de atención que hace falta”, y le pidió que estableciera una leprosería. El Arzobispo se reunió con representantes de diversos grupos religiosos interesados en trabajar con los leprosos y así nació Sumanahalli, que significa en lengua local “una aldea de gente de buen corazón”. En 1988, se hicieron cargo de esta “hermosa aldea”, los claretianos, y han trabajado con ellos hasta hoy.
“Nuestro enfoque integrado incluye la realización de encuestas, el tratamiento y la rehabilitación, la educación, la capacitación e inserción laboral, la vivienda y la atención institucional”, cuentan los claretianos.
Mediante la publicación de libros de oración, de una variedad de religiones, alentamos y promovemos todas las prácticas religiosas con la oración diaria en la residencia y semanal con todo el personal. Se celebran también las fiestas de las diversas religiones. “El noventa y ocho por ciento de los residentes, que no son cristianos, saben que hacemos lo que hacemos porque somos cristianos y religiosos, y aprecian nuestro respeto hacia ellos. Nos ven hacer lo que sus familiares y correligionarios se han negado a hacer. Pocos pretenden hacerse cristianos, pero muchos son cristianos de corazón”.
Sumanahalli tiene un especial mecanismo de trabajo que implica a varias instancias y entidades, desde la Iglesia, la misma congregación de los claretianos, el Gobierno y la sociedad civil. Legalmente, Sumanahalli pertenece a la archidiócesis de Bangalore, siendo el Arzobispo su Presidente. El consejo de gobierno y de toma de decisiones representa a las cinco congregaciones religiosas que están implicadas directamente en el funcionamiento cotidiano. Los Misioneros Claretianos, las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada y las Hermanas de San José de Tarbes, que viven en el lugar y sirven en la administración, la asistencia médica y la educación. Las Hermanas Montfortianas gestionan cinco clínicas que no están en la sede pero sí en los alrededores de Bangalore. Las Hijas de la Iglesia están implicadas también en el programa.
Los Padres Monfortianos mantienen un orfanato para los niños de padres afectados por la lepra y el VIH-SIDA. Los Salesianos de San Juan Bosco dan formación profesional a los niños de la calle. Los Norbertinos trabajan con los jóvenes que tienen problemas legales. En conjunto, ocho Congregaciones religiosas trabajan juntas bajo la égida de la Archidiócesis. Todos se reúnen regularmente en esta hermosa experiencia común.
La Procura General de Misiones de los Claretianos ha ayudado a Sumanahalli en la recaudación de fondos. Aún así el treinta por ciento del presupuesto de funcionamiento proviene de la población en general y de los católicos de Bangalore. En los últimos diez años, aproximadamente, cuarenta parroquias han contribuido con ocho millones de rupias (160.000 dólares USA). Corporaciones multinacionales como SAP, Accenture, IBM y Deloitte, y organizaciones como el Club de Leones, Rotary Club y YsMen Internacional son colaboradores de Sumanahalli. Muchas ONGs y entidades españolas están también arrimando el hombro para ayudar a estos “últimos de la tierra”.

21 de julio de 2014

Desde el terremoto, las misioneras de Ecuador con el pueblo haitiano


La Conferencia Ecuatoriana de religiosos, CER, mantiene en Haití una Comunidad Intercongregacional que desde el terremoto de de 2010 busca acompañar la realidad del pueblo y de la vida religiosa haitiana, desde el testimonio y la vivencia fraterna. Se trata de un logro importante para un pequeño país como Ecuador, que a través de esta comunidad misionera, muestra su corazón solidario y la disponibilidad de la vida religiosa.
Durante estos cuatro años han ido pasando varias hermanas por la comunidad. Según cuenta la hermana Lourdes desde Ecuador, aunque casi todas las hermanas participantes han sido ecuatorianas, desde hace unos meses se encuentra formando parte de este proyecto la hermana española Piedad Aldaz, comboniana. Piedad es de Navarra, y antes de aceptar esta misión inter-congregacional en Haití, ha vivido en África y, por supuesto, en Ecuador. Piedad forma comunidad con las hermanas Clemencia Rodríguez, Mercedaria Misionera, Ana Arias, Misionera de María Corredentora, y Diana Méndez, Dominica de la Enseñanza.
La iniciativa de crear una comunidad con religiosas de diversas congregaciones se remonta al 2 de febrero del 2010. Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada ese día, la Conferencia de Religiosos del Ecuador convocó a la vida religiosa del país para unirse a esta misión. Se quería acompañar el proceso de reconstrucción del pueblo haitiano, sobre todo, cuando el triste acontecimiento dejara de ser noticia.
Desde ese momento, la Junta Directiva, la Comisión de animación misionera de la CER y las hermanas que acogieron, han trabajado en la definición de los objetivos, los criterios de participación, las responsabilidades compartidas y los destinatarios de esta misión.
Según expresan desde la CER, el terremoto no es más que un momento en la vida e historia del pueblo haitiano, que carga con décadas de inestabilidad política, falta de estructuras, miseria y corrupción. Entienden que su pequeña aportación va en la línea de la reconstrucción del tejido personal y social, a medio plazo, y no sólo de una ayuda puntual y urgente.

4 de julio de 2014

El misionero Federico Sopeña con la tribu de los kátkaris en la India


El misionero jesuita Federico Sopeña Gusi comparte desde la India su trayectoria misionera y cómo llegó hasta la tribu primitiva de los Kátkaris donde hoy vive y lleva a cabo su labor misionera entre los más humildes, o como él dice, con “sus hermanos”.
“Llegué a la India el 2 de diciembre de 1949, más verde que un pepino, lleno de sueños, lleno de tonterías, con un complejo de superioridad más grande que el Taj Mahal. Tenía 23 años. Un chico. Creía que yo era mis sueños… creía que el futuro estaba en mis manos… y en las de Dios, porque así lo había aprendido, pero no lo pensaba.
Sumariamente: llegué, terminé mis estudios de filosofía, estudié historia de la India, el Movimiento de Independencia, los grandes Héroes de la Nación. Aprendí arte y monumentos históricos del país. Estudié Hindi la lengua oficial de La Unión India. Y comencé mi descenso a lo real. No iba a convertir, sino a ‘convertirme’, a ‘hacerme pequeño’, ‘a nacer de nuevo’, para trabajar humildemente junto a mis nuevos hermanos y hermanas, para lo que intuimos desde lejos, lo que debe de ser el Reino de los Cielos.
Fui ordenado de sacerdote a los 30 años, el 27 abril 1957 y aquel día hablé por teléfono con mis padres. Oí su voz por primera vez en 7 años. Se emocionaron y yo también. Estaba yo en Kurseong, cerca de Darjeeling. En los Himalayas. No podía estar más lejos.
Siguieron décadas de formación de jóvenes jesuitas, años de parroquia en el suburbio de Andheri, entre barrios marginales, en la nueva misión de Raigad District entre los Adivasis. He recorrido la India en todas direcciones: Sur, centro, noroeste, noreste y claro, Maharashtra, Mumbai desde donde os escribo ahora.
He visitado lugares impresionantes: Gaomukh, el glaciar en los Himalayas junto al Tíbet donde nace el Ganges. Rishikesh donde el Ganges se precipita hacia las llanuras de Uttar Pradesh, Benares (Varanasi), el lugar más sagrado para los hindúes, purifiqué cuerpo y alma en aquellas santas aguas, Sangam, entre miles de peregrinos, donde confluyen los ríos Ganges y Yamuna. Dicen que morir en estos lugares le lleva a uno directamente a la incorporación con Pramatman, Dios. Se cierra entonces el ciclo de sus reencarnaciones. El alma ha alcanzado el fin. Ha cruzado la frontera, ha llegado a la otra orilla… A mí me han dicho varias veces que esté tranquilo, que no me reencarnaré. Muchas gracias. Dejando la historia personal, vamos al trabajo de hoy. Presentación de los Adivasis.
‘Adivasi’ es una versión literal de ‘ab origen’. Mucho antes de las migraciones al país, los Arios y Dravides, la India estaba ya esporádicamente habitada por ‘los de siempre’, los Adivasis. Hoy los llamamos ‘Tribales’. En total las 400 tribus Adivasis suman más de ochenta y dos millones de personas.
Tuve la suerte y sé que es providencial, de ser enviado a trabajar con los Kátkaris, tribu clasificada como ‘primitiva’. Son cazadores, recolectores. Son la mano de obra de ricos campesinos, de usureros dueños de la fabricación de ladrillo, peones en carreteras y fábricas. Sus aldeas se encuentran cerca de poblados hindúes o musulmanes.
Mi primer encuentro con los Kátkaris, a los pocos días de mi llegada a la India, en 1949, fue desagradable. Ocurrió en los montes de Khandala. Un grupo de ellos destilaba ‘dharu’ (bebida tóxica). Sentí repugnancia. Pensé como otros, los Kátkaris son en verdad, ignorantes, ladrones, perezosos y sucios y además beben como camellos.
A los pocos días visité una de sus aldeas. Vi una mujer, linda, aseada, dando el baño a su pequeñín, también vi un hombre red de pescar en mano, arco y flechas, camino del bosque. Vi un maestro enseñando en la pequeña escuela de la aldea… Corregí mi juicio tan injusto. Los Kátkaris son trabajadores, instruidos, aman entrañablemente la familia, y las mujeres andan derechas, con dignidad, pausadamente, como reinas. Los ingleses calificaron oficialmente la tribu de los Kátkaris como ‘tribu criminal’, nada más injusto.
Después de muchos años y de muchos caminos rumbo a sus aldeas, después de comer y pernoctar en sus casas, me he preguntado, casi con angustia, ‘y yo, ¿por qué no nací Katkari?’. Más adelante contaré otras experiencias. Los Kátkaris lo merecen. Su sabiduría, hospitalidad, espíritu de trabajo, creatividad me interpelan”.

1 de julio de 2014

El agradecimiento de un sacerdote indio recién ordenado a la campaña de Vocaciones Nativas


El joven indio Kokto Kurian, de una familia con pocos recursos y huérfano de padre, hoy es sacerdote y párroco en Kohima, su tierra. Recién ordenado sacerdote y escribiendo desde su primera parroquia, el joven padre Kokto Kurian agradece la generosidad de todas aquellas personas que colaboran con la campaña de Vocaciones Nativas y que han hecho posible que hoy él sea sacerdote.
Parece una coincidencia, pero su parroquia está dedicada al santo patrono de las vocaciones, San José. Aunque es una pequeña parroquia en la aldea de Chumukedima, de esta parroquia dependen otras once aldeas y dos institutos de educación secundaria católicos, de los que el joven sacerdote es el capellán. En esta zona de la India, la más oriental, encima de Birmania, más del 80% de la población es cristiana, por lo que el nuevo párroco de San José se verá arropado por un entorno menos agresivo que en otras partes del país.
En una carta dirigida a la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, promotora de la campaña de las Vocaciones Nativas en países de misión, Kokto se presentaba con sencillez: “Soy hijo del señor Titus Meremon y de la señora Elizabeth Ningtsashe. Tengo dos hermanos y tres hermanas. Pertenezco a la tribu Yimchumgrii Naga, de Nagaland. En el año 1992, perdí a mi padre y fue mi madre sola la que nos sacó adelante con grandes sacrificios”… Con seis hijos y viuda, la madre de Kokto logró que cuatro de sus hijos encontraran trabajo y se casaran. Kokto quiso ser sacerdote y lo ha logrado. La hija pequeña también sintió que Dios la llamaba y hoy es religiosa de la congregación de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento.
Hoy, el sacerdote recuerda con cariño estos últimos años en el seminario del Buen Pastor de Kohima: “Aprecio la libertad que se nos dio a mí y a mis compañeros para actuar como adultos responsables que quieren ser sacerdotes… recuerdo los momentos de oración y la vida en comunidad que sin duda alguna consolidaron mi vocación”. El medio centenar de seminaristas de Kohima siempre han tenido a su lado el apoyo de San Pedro Apóstol, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, que se ocupa de que estas vocaciones no se pierdan por falta de recursos económicos.
De ahí el agradecimiento de Kokto: “También me doy cuenta de que todo el bienestar material de que he gozado estos años es gracias a la ayuda y a los sacrificios de muchas personas buenas… Personas que trabajan y colaboran por la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol… Les recuerdo a todos en mi misa diaria”

16 de junio de 2014

Como la Madre Teresa: Richard Ho Lung, un apóstol de la caridad en Jamaica

Mons. Jean-Yves Riocreux, obispo de Basse-Terre, en la isla caribeña de Guadalupe, ha escrito una semblanza de un misionero de nuestro tiempo, una de esas personas que recuerdan a la Madre Teresa y a tantos gigantes de la fe que ha tenido y tiene la Iglesia. Se trata del padre Richard Ho Lung, fundador de los Misioneros de los Pobres en Kingston, Jamaica. Con el título “En Jamaica, un apóstol de la caridad, fundador de los Misioneros de los Pobres”, Mons. Jean-Yves escribe: “Durante la Misa de apertura de la Asamblea de los obispos de las Antillas, al frente de la Catedral, hay un clérigo humilde con su sotana blanca y cinturón azul, padre Richard Ho Lung, rodeado de algunos hermanos. De origen chino – de padres budistas que se establecieron en Jamaica-, Richard nació en 1939 en Richmond Sainte Marie. Se formó de la mano de una monja estadounidense en una escuela católica. Allí, descubrió a San Francisco de Asís, en el Cántico de las Criaturas. En 1948, con el consentimiento de sus padres, Richard se bautizaba al mismo tiempo que su hermana Rebecca. Poco después, su madre y su padre también recibirían el bautismo.
En el colegio de los jesuitas en Kingston conoció a la Compañía de Jesús. Entonces decidió ser jesuita. A la edad de 20 años, comenzó su larga formación en Estados Unidos y en Roma, aprendió lenguas y se doctoró en Teología. Ordenado sacerdote en 1971 en la Catedral de Kingston, Jamaica, como joven jesuita, se ocupa de los jóvenes y... canta. A los 34 años hace de sacerdote y, a la vez, da conciertos en Canadá y Estados Unidos. Pero sigue dándole vueltas a la cabeza, preocupado por la gente joven en Kingston y la violencia en su país.
También, como San Francisco de Asís en el siglo XIII y la madre Teresa, reúne a un grupo de jóvenes que quieren vivir, al igual que él, en medio de los pobres. Y la familia creció con juventud de la India, después con los de Filipinas, Haití e Indonesia. Eligieron un nombre: ‘Los misioneros de los pobres’. Las varias decenas se convierten en cientos. Actualmente son casi 500 en varios continentes.
El padre Richard está en todos los frentes de la pobreza. Con las víctimas de un terrible incendio en mayo de 1980 con decenas de muertos, o con las del violento ciclón Gilbert del 12 de septiembre de 1988 con cientos de muertes.
Los diferentes encuentros influyeron mucho en él: la madre Teresa durante su visita a Jamaica en 1986, Juan Pablo II, a su regreso de la JMJ de Denver en 1993. Reconocido unánimemente en Jamaica, habiendo recibido numerosos premios y galardones, el padre Richard Ho Lung es un símbolo de estos ‘gigantes de la caridad’ que el Espíritu Santo suscita a lo largo de los siglos: San Vicente de Paúl y Santa Juana Jugan en Francia y muchos otros...
Estremecedor encuentro con el apóstol de la caridad, ‘misionero de los pobres’ en el siglo XXI, aquí en nuestra región y en el mundo”

13 de junio de 2014

Los jesuitas vietnamitas celebran 400 años de misión en Vietnam


La Compañía de Jesús en Vietnam está celebrando el 400 aniversario de la llegada de los primeros jesuitas a este país asiático con un año jubilar, promoviendo seminarios, fórums y diversas celebraciones.
En enero, Mons. Paul Bui Van Doc, presidente de la Conferencia Episcopal Vietnamita, ha presidido una misa especial para celebrar el 400 aniversario de la llegada de los primeros tres misioneros jesuitas a Vietnam, en la Catedral de Nuestra Señora en Ho Chi Minh City.
Por su parte, la provincia jesuita de Vietnam ha creado una página web para el año jubilar. El provincial, el padre Joseph Pham Thanh Liem, ha declarado que las diversas actividades que se han organizado para este año tendrán como objetivo “conocer y promover caminos de evangelización apropiados para el mundo de hoy a través de una mirada retrospectiva de la historia de la evangelización en Vietnam”. También se han organizado peregrinaciones al lugar de nacimiento del beato Andrew Phu Yen y al de su ejecución.
Los primeros jesuitas llegaron al puerto de Hoy An en Vietnam central el 18 de enero de 1615, acompañados de un grupo de cristianos japoneses que huían de la persecución en su patria. Desde Macao se enviaron otros misioneros jesuitas, entre los que estaba el padre Alexandre de Rhodes, que más tarde se convertiría en un experto en lengua y costumbres vietnamitas, y creó el alfabeto que actualmente usa este idioma, el quoc ngu (escritura vietnamita romanizada), y su catecismo, publicado en 1651, se considera el primer libro escrito con dicha escritura.
Por su fe fueron asesinados 16 jesuitas extranjeros y vietnamitas durante las persecuciones religiosas que se sucedieron desde el siglo XVII al siglo XIX, entre los que está el beato Andrew Phu Yen, un joven catequista indígena que trabajó con los primeros jesuitas y que fue asesinado en 1644. El Papa Juan Pablo II lo beatificó en el año 2000