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6 de enero de 2016

DEDSE AFRICA

Desde Africa

 
 
Querido Pedro Jesús

En primer lugar GRACIAS, porque a través del correo nos mantienes vinculados a nuestros orígenes.

Hemos estrenado el año de la misericordia, El Papa ha expresado su deseo de que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordias corporales y espirituales, esta misión nos ofrece la oportunidad de ponerlas en práctica cada día desde los distintos servicios, pero ahora voy a centrarme en cómo las vivimos desde el Programa “Ayudándoles a crecer”.

               Dar de comer al hambriento
               Dar de beber al sediento


Durante el año 2015 hemos alimentado a 165 bebés, sus padres han llegado a nuestro centro pidiendo ayuda pues ellos no podían alimentar adecuadamente a sus hijos (algunos han llegado muy desnutridos) por múltiples razones: precariedad económica, precio elevado de la leche maternizada en relación con el salario del padre, complicaciones en el parto, muerte de la madre, partos múltiples (mellizos y trillizos)…Cada 15 días le damos la leche y papillas, según la edad, y hacemos un seguimiento a su evolución.

 Asistir a los enfermos.

A veces la causa de la desnutrición del bebé es una enfermedad, en este caso además de la leche, les apoyamos económicamente para que pueda verlo el especialista que necesita, realizar las pruebas diagnósticas convenientes, tomar el tratamiento correcto. Las prestaciones sanitarias del estado son escasas y no cubre todas las necesidades. Siempre que nos es posible intentamos ir a sus casas, conocer su realidad para dar una respuesta más concreta y acertada a sus necesidades.
 
                 Dar posada al necesitado

En algunas ocasiones, en nuestras visitas descubrimos que la “casa” donde vive la familia tiene deficiencias que pueden acentuar la enfermedad del bebé y procuramos subsanar esas deficiencias. Así hacemos que el necesitado tenga una vivienda digna y saludable.
              
                Vestir al desnudo


En Marruecos, las temperaturas bajan mucho por la tarde-noche, aunque por el día sean moderadas, y el único sistema de calefacción son la ropa y la manta, por eso aquellos que son más necesitados les proporcionamos una buena manta y ropas de abrigo.

                Socorrer a los presos


Cuando en la cárcel nace un bebé, generalmente las madres no tienen leche suficiente para su alimentación y nos avisan  para que vayamos a visitar a la madre y le llevemos la leche al bebé.

  Enterrar a los muertos

Por desgracia no todos los niños salen adelante, un 2 % de los niños que llegan a nosotros fallecen antes de cumplir el año. Mediante el Programa “Ayudándoles a Crecer” trabajamos para  reducir la mortalidad infantil por hambre o enfermedad.   
 
Enseñar al que no sabe
              Dar buen consejo al que lo necesita
              Corregir al que está en error
Uno de los objetivos del programa es formar a las madres en lo concerniente a la salud de sus hijos, vacunación, higiene, nutrición infantil, etc. para que puedan alcanzar una buena calidad de vida.
Consolar al triste
Mediante el diálogo interpersonal, intentamos que las madres se sientan  acogidas, comprendidas y les de seguridad y confianza para poder expresar todos los sufrimientos que les oprime. No podemos solucionarles todos sus problemas pero intentamos transmitirle ánimos y fuerza para que ellas sean capaces de asumir y afrontar  sus dificultades.
Perdonar las injurias
               Sufrir con paciencia los defectos de los demás
Cuando se conoce la historia personal de cada madre, el ambiente donde vive, las dificultades que atraviesan, es fácil comprender, disculpar, perdonar lo que pueda haber de negativo, además somos conscientes que también nosotras necesitamos el perdón y la paciencia de los demás.

              Rogar a Dios por vivos y difuntos
Desde los orígenes, nuestros fundadores nos insistían a tener presente en la oración a todos los Pobres que servimos, a ver a Cristo en los Pobres y a los Pobres en  Cristo.
Lo más hermoso de todo es que este Programa se lleva a cabo gracias al corazón misericordioso de muchas personas que llevan tiempo viviendo lo que el Papa dice: “La Iglesia está llamada a curar aún más estas heridas (la de los hermanos que viven en las periferias existenciales) a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención…. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio”.
Le doy continuamente gracias a Dios porque me ha tocado vivir en una porción de  Iglesia pobre y para los pobres, una Iglesia solidaria que no tenemos que salir a la periferia pues vivimos en la misma periferia.
He aquí algunos rostros concretos de los niños que atendemos, niños que desde su nacimiento están acumulando pobreza.
 
Safaa y Hanaa, mellizas, con cinco días su padre las abandonó porque eran niñas y además dos, desde su nacimiento han experimentado el hambre y la escasez, su madre no tenía leche para las dos y la economía de los abuelos no era muy boyante, le compraban una lata de leche maternizada y le racionaban los biberones pues decían: “más vale que lloren un poquito, si toman lo que necesitan enseguida se acaba y no podemos comprar tanta.”. Tenían mes y medio cuando vinieron y ha sido para nosotras una alegría poder darles la leche que necesitan. En la foto está la madre y el abuelo materno con las dos niñas. 
Sufian y Raian, son dos niños mellizos, tienen tres hermanas mayores. Raian tiene una enfermedad “rara” que le provoca frecuentes infecciones respiratorias, debe hacer fisioterapia respiratoria dos o tres veces a la semana y tomar medicación. El padre trabaja cargando camiones de arena tres días a la semana. Para una familia que vive en el campo con 5 hijos, les es imposible hacer frente a todos los gastos que la enfermedad de Raian le supone, por eso además de la leche les ayudamos para que Raian pueda recibir todos los cuidados que necesita. En la foto está Sufia en brazos de la madre, vestida de azul, y Raian con una vecina.
 
 
Fatima y Sohora, son dos niñas mellizas viven en una poblado, el sueldo de albañil del padre escasamente le llega para sobrevivir, con seis hijos no puede permitirse gastos extra como la leche de las mellizas. En la foto está la madre con Sohora y una servidora con Fatima.
Sin más te deseo un Nuevo Año en el que el móvil de nuestro vivir sea la MISERICORDIA.
Un abrazo