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8 de agosto de 2012

Los primeros días de cuatro jóvenes voluntarios en las Selvas Amazónicas

Cuatro de los jóvenes que han sido enviados desde Madrid a las misiones amazónicas en Perú de Koribeni para una experiencia misionera a lo largo del verano, nos cuentan sus primeras impresiones.
“Ya estamos las 4 voluntarias que este mes vamos a estar en la misión de Koribeni, en la selva peruana. Koribeni nos parece precioso. Además nos acogieron con los brazos abiertos, todos los niños del internado con besos y abrazos, una misa de bienvenida preciosa y una cena con todos los misioneros y misioneras de aquí, son cuatro. Al día siguiente ya empezamos a preparar con la directora del colegio de aquí toda la formación que quieren que hagamos a los 60 profesores de distintas comunidades. Así que estamos trabajando mucho preparando todos los talleres y dinámicas. Estamos un poco asustadas con las expectativas que hay, pero esperamos estar a la altura.
El segundo día nos fuimos a la comunidad machiguenga de Tipeshiari. Fueron dos días de ida, uno allí y otro día para volver porque no teníamos mucho más tiempo. La subida fue muy dura, porque todo es cuesta arriba. Bajaron a buscarnos a la carretera varias personas de la comunidad para guiarnos y ayudarnos a subir cosas que llevábamos para la escuela. Hubo algún momento que pensábamos que no llegábamos y como era todo barrizal no parábamos de resbalarnos. Al principio del camino teníamos que cruzar el río con una orolla, una especie de cesta en una tirolina, una pasada. La primera noche dormimos en una cabaña. Las vistas eran una pasada, un sitio precioso, y la acogida que nos dieron. No nos podíamos comunicar mucho por el idioma, pero nos sentimos bien. Con nosotras iba Marina, una machiguenga de la comunidad que nos estaba ayudando a subir y como hablaba español nos hacía de traductora. Nos estuvieron enseñando hasta a disparar las flechas con el arco. Lo malo fue que llevábamos varias latas de sardinas y atún y pan para compartir con ellos y cenar y desayunar y los que las llevaban se subieron directamente hasta Tipeshiari y no las teníamos con nosotros. Así que solo cenamos un cachito de yuca cocida y no desayunamos, por lo que al día siguiente que era una ruta de 7 horas cuesta arriba y bastante dura (de saltar troncos, esquivar derrumbes, etc.) estábamos flojas de no comer.
Cuando llegamos a Tipeshiari no nos lo creíamos, pero la acogida fue impresionante. Nos estaban esperando para comer todos juntos. Se había reunido la comunidad en la escuela y habían cocinado tres monos para todos. Los machiguengas viven en casas muy aisladas, incluso kilómetros, pero allí estaban todos. La verdad es que fue muy bonito. Teníamos un poco de miedo con lo que nos iban a dar de comer pero la verdad es que el mono no está mal, un poco duro y de olor fuerte pero bueno De las opciones que teníamos era lo que preferíamos que nos diesen, porque nos habían dicho que a lo mejor nos daban gusanos tipo orugas o renacuajos vivos. También estuvimos bebiendo masato, que es una bebida fermentada de yuca un poco fuerte.
Toda la tarde nos hicieron bailes y celebraciones típicas suyas. Al día siguiente nos toco a nosotras enseñarles juegos y canciones. La verdad es que fue muy bonito. Y ese día ya cocinaba la profesora y comimos lentejas, arroz y latas y pudimos recuperar fuerzas. Todo el mundo era muy cariñoso y nos sentimos muy a gusto en todo momento. El sitio es de estos increíbles que no imaginas nunca que puedas estar, un claro en un alto entre montañas con el río abajo, todo de árboles alrededor. En las noches hacía mucho frío y no podíamos dormir, estábamos acurrucadas sobre una madera con varias mantas que nos habían dejado.
Es una pena porque hay mucha desnutrición. Cada vez tienen más difícil la pesca y la caza por la influencia de las petroleras y otras empresas y por los colonos quechuas que llegan a la zona. Además con el frío hay mucha tuberculosis y neumonía. Los niños eran monísimos y al principio te miran con mucho recelo hasta que se van acercando.
Anoche llegamos a casa (Koribeni ya es nuestra casa) muy cansadas, muy sucias, pero con una sensación de felicidad absoluta. Simplemente estar en medio de esta naturaleza es un privilegio y una pasada.
Hoy ya tenemos muchos planes aquí, con las niñas, bañarnos en el río, preparar lo de los profesores, y muchas cosas más. No paramos un momento, pero estamos encantadas”