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2 de enero de 2014

Evangelii gaudium: “El verdadero misionero sabe que Jesús camina con él”


El Papa ya lo había anunciado y lo ha cumplido: ha publicado una exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Ya el título recuerda a la gran exhortación de Pablo VI la Evangelii nuntiandi sobre la evangelización. Pretende proponer el modelo misionero como inspirador de toda la labor evangelizadora de la Iglesia y de los discípulos de Cristo para que sean misioneros.
El acto simbólico de entrega tuvo lugar el pasado noviembre en la celebración de la misa de Cristo Rey de clausura del Año de la fe. Ante una gran multitud, con la presencia por primera vez en un acto público de las reliquias del apóstol Pedro, al final de la celebración, el Obispo de Roma entregó simbólicamente su exhortación apostólica Evangelii gaudium a 36 representantes del pueblo de Dios provenientes de 18 países.
Al inicio de la exhortación apostólica el Papa dice: “Quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años”. Ciertamente el Papa ve la clave de la evangelización en la alegría que viene de la fe en el Evangelio. De hecho el capítulo primero se llama “La alegría que se renueva y se comunica” y el segundo “La dulce y confortadora alegría de evangelizar”, un deseo expresado por Pablo VI en la Evangelii nuntiandi (n. 75) y que el papa Francisco ha repetido ya desde antes de su elección.
El Papa también hace referencia a dos grandes constantes de su magisterio. La primera es la necesidad de una fuerte espiritualidad que sea motor de la tarea evangelizadora: “Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador». En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu” (n. 12). Y la segunda (abriendo el tercer capítulo, “La nueva evangelización para la transmisión de la fe”) la primacía de la misión ad gentes: “Juan Pablo II nos invitó a reconocer que «es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio» a los que están alejados de Cristo, «porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia» (RMi 34), para desde ahí entender toda la labor evangelizadora de la Iglesia: la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia”.
Por eso el Papa dice que ha renunciado a hacer un gran documento que trate detenidamente totas las cuestiones de la evangelización porque, dice, “tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa apela al discernimiento de los respectivos obispos respecto de “de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios” y una “saludable descentralización” (n. 16). Por eso opta (n. 17) por “proponer algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo. Dentro de ese marco, y en base a la doctrina de la Constitución dogmática Lumen gentium, decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera.
b) Las tentaciones de los agentes pastorales.
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza.
d) La homilía y su preparación.
e) La inclusión social de los pobres.
f) La paz y el diálogo social.
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.
Además el papa Francisco reconoce que se ha extendido en estos temas no con la intención de ofrecer un tratado “sino sólo para mostrar la importante incidencia práctica de esos asuntos en la tarea actual de la Iglesia. Todos ellos ayudan a perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice” (n. 18).
La exhortación promete ser muy fecunda para despertar en los cristianos el celo por la misión y por extender el mensaje del Evangelio, el mensaje de Jesús, Él que es el verdadero centro de la misión y de la vida de todo cristiano. Como el mismo Papa señala: “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él.