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9 de mayo de 2014

Los religiosos y consagrados, avanzadillas de la lucha contra la pobreza en el mundo, dice el Papa Francisco


A principios de marzo tuvo lugar en la Pontificia Universidad Antonianum de Roma, un simposio internacional sobre “la administración de los bienes eclesiásticos de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica al servicio de la humanidad y de la misión de la Iglesia”.
El Papa Francisco les hacía llegar a los participantes un mensaje en el que el tema de la pobreza, tan querido por el Papa, está muy presente y en el que les llama “avanzadillas de la lucha contra la pobreza en el mundo”.
“Nuestro tiempo”, explica el Papa, “se caracteriza por cambios y avances de relieve en numerosos campos, con consecuencias importantes para la vida de los hombres. Aún así, aunque se ha reducido la pobreza, los logros conseguidos a menudo han contribuido a construir una economía de la exclusión y de la iniquidad: ‘Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil’ (Evangelii gaudium, 53). Frente a la precariedad en la que vive la mayor parte de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, como también frente a las fragilidades espirituales y morales de tantas personas, en especial los jóvenes, nos sentimos interpelados como comunidad cristiana”.
“Los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica han sido siempre voz profética y testimonio vivo de la novedad que es Cristo, de la conformación con Aquel que se ha hecho pobre enriqueciéndonos con su pobreza. Esta pobreza amorosa es solidaridad, condivisión y caridad y se expresa en la sobriedad, en la búsqueda de la justicia y en la alegría de lo esencial, para estar en guardia contra los ídolos materiales que ofuscan el sentido auténtico de la vida”.
“No sirve una pobreza teórica, sino la pobreza que se aprende tocando la carne de Cristo pobre, en los humildes, en los pobres, en los enfermos, en los niños. Sois todavía hoy, para la Iglesia y para el mundo, las avanzadillas de la atención a todos los pobres y a todas las miserias, materiales, morales y espirituales, como superación de todo egoísmo en la lógica del Evangelio que enseña a confiar en la Providencia de Dios”