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9 de julio de 2014

La ONU premia al misionero italiano Federico Trinchero


La ONU, Organización de las Naciones Unidas, ha concedido un diploma “honoris causa” al misionero italiano padre Federico Trinchero, por su labor en la crisis de la República Centroafricana. Este misionero, superior del convento que los carmelitas descalzos tienen en Bangui, la capital, comparte su vida con los más necesitados y los refugiados, la mayoría mujeres y niños sin nada, que, como siempre dice, le están ayudando a vivir el Evangelio.
“La vida de nuestro campo de refugiados en Bangui, República Centroafricana, sigue el ritmo de las estaciones y de los tiempos litúrgicos. Con ocasión del Miércoles de Ceniza nuestros fieles han superado, en cuanto a número, celo y devoción, a los habitantes de Nínive después de la predicación de Jonás. Hasta hace pocos días el número de nuestros refugiados se había estabilizado en torno a los cinco mil. Pero, desde el momento en que en los diversos barrios de Bangui se dispara aún, la gente, incluso la que había intentado volver, con frecuencia se ve obligada a volver entre nosotros. Actualmente podría haber alrededor de quince mil personas, el 40% de ellas por debajo de los quince años. En Bangui los sitios que acogen refugiados son aún cincuenta y nueve, algunos de los cuales con mucha menos gente que nosotros. Estas cifras nos hablan de las dimensiones y las complejidades de la situación que tiene prisionera a la ciudad. Pensábamos que todo estaría resuelto por Navidad... y ahora estamos casi en Pascua”, cuenta este misionero.
“Por este motivo, nuestra comunidad, después de tres meses de emergencia, se ha visto obligada a hacer un discernimiento. En la mesa del capítulo conventual, hay cuatro hipótesis. La primera: mandar a casa a todos nuestros refugiados. La segunda: irnos nosotros a casa y dejar el convento a los refugiados. La tercera: esperar a que los refugiados se vayan para poder reemprender nuestra vida normal. La cuarta: intentar hacer vida de frailes con miles de refugiados en torno al convento. La primera y segunda hipótesis no las hemos tomado nunca seriamente en consideración, a no ser en la recreación o cuando estamos un poco cansados. La tercera ha sido descartada porque tendríamos que esperar demasiado, nadie sabe hasta cuándo. Y además teníamos unas ganas locas de volver a llevar vida de fraile a tiempo pleno. Así pues, la cuarta hipótesis fue votada favorablemente por unanimidad. De este modo hemos aceptado el desafío de volver a nuestra vida de fraile en un convento que tiene anexo un campo de refugiados..., seguros de la bendición del papa Francisco y de la aprobación del Padre General”, añade este misionero en la República Centroafricana, quien da gracias por el premio y también a todos los que, además de con la oración y la amistad, han querido manifestar de forma concreta y generosa su cercanía. “Aunque muchos de vosotros sois casi desconocidos, estáis, todas las noches, en nuestras oraciones”