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15 de septiembre de 2014

Un catequista de Singapur ha acompañado a 1.200 personas mayores en su conversión al catolicismo


Según informa la agencia católica UCA News, gracias a los esfuerzos de un veterano catequista, Andrew Goh, 11 personas, la mayoría con más de 40 años, recibieron los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía el pasado agosto en la Iglesia de la Sagrada Familia de Singapur.
La labor de Goh es única. Este catequista de 77 años lleva desde 1993 dando catequesis desde 1993 a personas mayores.
El padre Damian de Wind presidió la ceremonia, a la que asistieron familiares y amigos de aquellos que se bautizaban. “Soy feliz”, exclamaba María Chan, de 73 años, tras recibir los sacramentos. El hermano de María, Joseph, agradecía a Andrew su labor al ayudar a convertirse al catolicismo a su hermana: “Gracias a Andrew, finalmente ella se ha bautizado”, decía emocionado.
Otro nuevo católico, Derrick Wong, de 65 años, también comentaba la labor de este catequista, añadiendo que le había dado versículos de la Biblia para que se los aprendiera, que él había puesto en la puerta de su frigorífico.
Goh usa diversas ayudas visuales para compartir la Buena Nueva con las personas mayores. Estas ayudas incluyen desde imágenes en color a semilla de mostaza, sal, pan, uvas, una cuerda… que sirven para comprender mejor el mensaje.
Andrew Goh ha dado catequesis, preparándolos para el bautismo, a más de 1.200 personas mayores desde 1993, que empezó esta tarea. Trasladándose con su motocicleta, da “clases particulares y a domicilio”, persona por persona, en casas, cafeterías, jardines, además de catequesis semanales en dos parroquias de la ciudad: la Iglesia de Novena y la de la Sagrada Familia.
Las lecciones en las dos Iglesias se imparten en inglés y en el dialecto de Singapur. Con al menos 40 personas que asisten a cada sesión, los números siguen creciendo. Sólo este año, ha ayudado a 60 personas mayores en su camino hacia el bautismo, dice él mismo.
La gente se entera de las clases de este catequista a través del boca a boca.
Andrew no encuentra su labor especialmente difícil ni como un gran desafío porque “quiero tanto al Señor que Él me ayuda”