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23 de octubre de 2014

El misionero Agustín Goytisolo, 45 años con las comunidades de África


El jesuita Agustín Goytisolo trabaja con la población más vulnerable de Burkina Faso. Este misionero lleva más de 45 años de dedicación al servicio pastoral y a la promoción humana en el continente africano. De paso por Barcelona, ha recordado algunas de sus experiencias y ha presentado los proyectos que actualmente lleva a cabo.
Según cuentan los Jesuitas de Catalunya, fue destinado al Tchad en 1968 junto con otros compañeros jesuitas como Francesc Cortadellas o Ignasi Anzizu. Sus primeras experiencias fueron en parroquias de zonas rurales. “Además de la tarea de animación de las comunidades cristianas”, recuerda, “pronto se presentaron urgencias que obligan a promover servicios humanitarios, por ejemplo, la grave hambruna de los años 1984 y 1993”. Emergencias como estas obligan a poner en marcha proyectos que permitan hacer frente a la escasez que se repite por falta de lluvias y por la mala gestión de las cosechas.
En este sentido, el padre Goytisolo explicó con satisfacción la experiencia de los graneros comunitarios, denominados también banco de cereales. “Sólo digo que si se preparan y organizan bien tienen una eficacia y una duración insospechada. Una carta reciente de una religiosa chilena me daba la alegría de confirmarme que al este del Tchad, en la región denominada Guera, donde pasé nueve años, los graneros comunitarios estaban siendo muy eficaces y activos. En 1994 comenzamos con unos diez graneros y han llegado a organizar hasta 200 en toda la zona”.
Agustín Goytisolo trabaja ahora, desde 2005, en Burkina Faso, otro de los países que forma parte de la Provincia de África Occidental de la Compañía de Jesús, que cuenta con 250 jesuitas en diez países de habla francesa. Allí dirige el Centro de Espiritualidad “PAAM Yôodo”, en la capital, Ouagadougou. Se trata de un centro, con una capacidad para 80 personas, en el que se organizan ejercicios espirituales, encuentros de grupos, etc. En definitiva, tal como explica, “es un servicio importante para una Iglesia joven y que va creciendo en número pero también en necesitados”.
El centro está en la periferia de una ciudad de unos dos millones de habitantes, en un barrio sin agua, electricidad y otros servicios esenciales, lo que obliga a atender a muchas necesidades. Para hacer frente a la pobreza extrema de madres de familia, con muchos niños y en el paro, se han formado grupos de hasta 80 mujeres, con las que se ha iniciado, desde el 2008, la experiencia de ofrecer microcréditos.
Goytisolo lo valora de forma muy positiva: “estas madres quieren dar de comer a sus familias, aunque sea una vez al día. Saben que el reembolso, el devolver el dinero del crédito, es importante, por eso, este ha sido del 90 por ciento cada año, lo que nos ha permitido aumentar un poco el crédito anual y dar continuidad al proyecto. A los niños también les ayudamos con una pequeña cantidad para ir a la escuela”.
Otro de los proyectos en que están trabajando en estos últimos años es el de atención a las personas portadoras del virus VIH. Gran parte de la tarea se dirige a ayudarles en el tratamiento con ARV (antirretrovirales) que lo sigan correctamente. “La eficacia de estos medicamentos está condicionada a la continuidad, y para muchos y muchas es difícil por múltiples razones. Hace falta una ayuda, sea en una mejor de alimentación o en un seguimiento que mantenga la perseverancia”.
Junto a la acogida, formación y acompañamiento, explica cómo han impulsado la creación de un centro de acogida para personas que se encuentran en una situación de precariedad. Estos proyectos están integrados en la red AJAN que da soporte a las personas infectadas por el VIH, impulsada por los jesuitas en África y que, como dice el padre Goytisolo, “hace una gran labor para estos los más pobres, personas de las periferias, de las que habla a menudo el Papa Francisco”