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26 de octubre de 2014

NOS VISITA EL MISIONERO TOMÁS HERREROS

Tomás Herreros es un misionero español, nacido en la Rioja, que lleva más de 30 años en África. Ahora está en la misión de Amakuriat, con el pueblo Pocot, que habita entre la frontera de Karamoya y Turkana.

Ha pasado por nuestra delegación y aprovechamos para conocer algo de su labor misionera.

Tomás, ¿cómo es tu misión?
El pueblo Pocot ha sido siempre un pueblo de pastores, con muchos conflictos a causa del ganado.
Ahora las mujeres comienzan a cultivar la tierra: maíz y otras plantas. Lo que sacan es para ellas. Los maridos atienden a las cabras y vacas y las ganancias son para ellos.
Los Pocots viven en el bosque, a la intemperie, dispersos… 





En la actualidad comienzan a reagruparse en torno a la escuelita, capilla o alguna tienda que se instalado, o también por la cercanía de algún pozo que  
hemos hecho en la misión, para tener mejor acceso al agua. 





¿Son muchos los cristianos en esa región?
Hay un 40 por ciento de cristianos, la mitad aproximadamente son católicos, en un área como la provincia de Cáceres. Tenemos 50 capillas para atenderlos.
Desde hace tres años se están organizando reuniones –convivencias, en las que participan muchos jóvenes y adultos-  donde se reúnen durante dos o tres días. La capilla que invita provee de azúcar, maíz, leche…, y los que vienen de otros lugares traen alubias... Vienen de capillas que distan 20 o 30 kms.
Durante la convivencia se dedican a cantar, danzar, leen la Biblia (quien puede da alguna explicación). Hablan más libremente cuando están ellos solos (por temor a equivocarse).
Cuando saben que estamos cerca, nos invitan. Aprovechamos para darle alguna charla o proyectarles algún vídeo formativo, aunque sea a través del portátil.

También tenemos otro tipo de encuentros en los que se reúnen los miembros de dos o tres capillas, son celebraciones eucarísticas.
La Eucaristía dura mucho tiempo porque los que  vienen como huéspedes tienen que dar su testimonio. Llegan a pie. En otras capillas, a las que no llegó el sacerdote, son los mismos laicos los que se reúnen en la oración dominical con el catequista.
Una situación nueva es la presencia de jóvenes chicas casadas, que están consiguiendo que sus maridos vengan a rezar a las celebraciones. Han formado unos coros y se dedican a cantar y danzar, de esta manera se preparan para participar en los encuentros de diversas capillas.
Cuéntanos cómo se preparan al bautismo.
Los catecúmenos acompañan la preparación con una serie de pasos llenos de simbología: el primero consiste en colocarse una vestidura morada que le cubre la cabeza y el cuerpo  y las manos atadas (pecado y esclavitud), se hacen las promesas; el segundo: se desatan las manos y se entrega el catecismo; tercero: óleo y Credo; el cuarto: las renuncias a las seducciones y entrega de la Biblia; quinto: Padrenuestro y Rosario; sexto: Bautismo y vela.  El proceso dura aproximadamente dos años y, de vez en cuando se celebran convivencias con los catecúmenos.  

¿Cómo es la vida de la familia?
Es complicado, ya que hay poligamia. La mujer ejerce mejor en la atención de los hijos. Éstos viven con la madre. Esta situación nos crea serios problemas: en estos últimos 8 años sólo he casado a tres parejas.

¿Cómo son las relaciones con el clero nativo?
Son buenas. A una de nuestras parroquias el obispo, desde tres años, nos manda un diácono durante seis meses, con el fin de que se vayan adaptando a la situación de los Pocots. Es la manera de que puedan sustituirnos cuando nos marchemos. Hay ya dos sacerdotes Pocots.

¿Qué es lo más que te ha costado en la adaptación?
Llevo 34 años en África.
Lo que más me ha costado asumir es la inconstancia. Ellos no son de actos programados (eucaristía una vez a la semana). Les va mejor la celebración de acontecimientos que suceden  y que marcan la vida del pueblo. Esto ha exigido un esfuerzo por adaptarse a la vida de los Pocots.

¿Cómo es el compromiso de los laicos?
Tenemos catequistas que reciben una pequeña ayuda económica.  También hay directores de coro; la música desempeña un papel muy importante. Estamos con la idea de que cada capilla debe tener una mujer encargada de rezar por los enfermos y ancianos, y sobre todo visitarlos en las casas. Están los directores de capillas (dos o tres), ahora estamos promocionando el ministerio  de la acogida; tienen que ser hombres; ellos dan la bienvenida a los que han llegado nuevos y también a los que están de visita. El objetivo es implicar a todos. No queremos a gente pasiva. A ellos les encanta ser protagonistas en la liturgia.

¿Qué supone esto para ti?
Me estimula la ilusión que veo en la gente por permanecer siendo cristianos. Quieren saber más.