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24 de octubre de 2014

Un jesuita de Lérida con destino a los campos de refugiados de Sudán


Sudán del Sur es un país africano que estrenó su independencia hace tan sólo tres años. Después de décadas de guerra contra Sudán, ahora es la lucha armada entre el pueblo nuer y el pueblo dinka es la que marca, de forma trágica, la vida de sus habitantes. Los dos grupos luchan para obtener el control de los pozos de petróleo como una posibilidad para tener ingresos propios.
La guerra está causando que millones de personas abandonen sus tierras para poder continuar con vida. Estas personas se concentran en campos de refugiados. Grandes ciudades improvisadas en medio de la nada, atendidas por varias agencias de ayuda humanitaria.
Cuando los campos y los rebaños han sido abandonados, la población se amontona con la esperanza de ser atendida por la ayuda internacional. Muchos de estos campos de refugiados están promovidos por ACNUR, la agencia de la ONU para atender a los refugiados, y son diversas las entidades que colaboran.
Una de estas entidades es el Servicio Jesuita a los Refugiados, SRJ. Próximamente Álvaro Sánchez, jesuita nacido en Lérida, se integrará en un equipo para dar un empujón en la gestión de uno de estos campos de refugiados. Álvaro tiene ya una experiencia anterior trabajando en un campo de refugiados en la zona de los Grandes Lagos. El pasado sábado, dentro de la comunidad jesuita de Lérida, compartió cómo está actualmente la situación del país, cuáles son sus expectativas y cómo afronta esta nueva etapa de su vida.
Explicó que nada más llegar se pondrá a disposición del obispo de la diócesis de acogida para tratar de poner en marcha un proyecto en el ámbito educativo y pastoral a favor de los más vulnerables. Un proyecto que dé oportunidad de volver a comenzar a todos aquellos que han perdido su tierra y sus rebaños.
Cuando se le pregunta a Álvaro que se puede hacer desde aquí, su respuesta es rápida y clara: rezar. Una de las cosas que experimentó intensamente en su etapa anterior en África fue que notó la oración de las personas que rezaban por él y por su Misión.
Durante su intervención hizo un llamamiento a la colaboración, cada uno en la medida de sus posibilidades: a través de la oración, la colaboración económica o trabajando temporalmente en el lugar