“El
Señor te bendiga y te proteja,
Ilumine
su rostro sobre ti y te conceda su favor;
El
Señor se fije en ti y te conceda la paz”.
QUE EL SEÑOR TE BENDIGA:
porque como María, ante la complejidad de la misión, supiste dar una respuesta
incondicional y contundente.
EL SEÑOR TE PROTEJE:
porque Él camina contigo, día y noche, por los caminos del Reino: anunciando la
Buena Noticia a los pobres, aliviando las llagas de los heridos, liberando de
esclavitudes y proclamando el amor universal.
ILUMINE SU ROSTRO SOBRE
TI: con el sol de su misericordia y su ternura, para disipar las tinieblas y
los miedos, y llenar los rincones del mundo con la claridad que transforma la
noche en mediodía radiante.
TE CONCEDA SU FAVOR: una
vida que es toda gracia y regalo. Manantial inagotable que llena tu alma y se
desborda en ofrenda y vida para los demás.
EL SEÑOR SE FIJA EN TI: en
tu corazón, en tus tareas, en tus sueños, en tus pasos, en tus detalles con los
pequeños del reino, porque te ama (y les ama) con entrañas de misericordia.
EL SEÑOR TE CONCEDA LA
PAZ: un corazón lleno de armonía, de belleza, de alegría. Una vida plena,
radiante y enamorada. Por los siglos de los siglos Amén.
En este año sinodal de
Coria-Cáceres:
¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!
Pedro Jesús Mohedano
Santibáñez
























































