OMPRESS-BRASIL (16-5-12)
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| Vicente Cañas junto a miembros de su tribu |
Hoy 16 de mayo de 2012 los jesuitas recuerdan al hermano
jesuita Vicente Cañas Costa, quien fue asesinado en esta fecha, junto al río
Juruema, en el estado de Mato Grosso (Brasil). Fue asesinado por los
terratenientes que sitiaban las tierras de los indios Ena–wenê-Nawê (los
“benedictinos de la selva”), con los que “Kiwxí”, como así le llamaba su pueblo
adoptivo, vivía y a los que defendía.
Vicente Cañas nació en Alborea (Albacete) el 22 de
octubre de 1939, en el seno de una numerosa familia de 10 hermanos. Ingresó en
la Compañía de Jesús, en Raimat, el 21 de abril de 1961. Fue destinado a Huesca
como cocinero y muy pronto expresó su afán y vocación misionera. Al poco tiempo
encabezó la lista de hermanos de la provincia jesuita de Aragón que fueron
destinados al Brasil. Llegó a este país el 19 de enero de 1966.
De octubre de 1969 a abril de 1970 estuvo en íntima
convivencia con los Beiço-de-pau. En mayo de ese mismo año se produjo la
transferencia de estos indios a Xingu, donde fueron dejados junto a sus
hermanos Tapayuna. Aquella amarga experiencia de contemplar a un pueblo
destrozado y, al propio tiempo, poder experimentar las verdades de vida de ese
mismo pueblo, le marcaron profundamente.
Después Vicente se consagró, durante 5 años, a una total
convivencia y dedicación al pueblo Paresi, localizado al noroeste del Mato
Grosso. El 13 de junio de 1971, Vicente era uno de los dos componentes del
grupo que entró en contacto con los indios Miky. El 15 de agosto de 1975
pronunció sus últimos votos en la Compañía de Jesús. A finales de 1975, después
de su contacto con los Ena–wenê-Nawê, se ofreció para iniciar su convivencia
con este pue–blo, que no tenía ningún contacto con el hombre blanco,
preo–cupándose de garantizar sus tierras y cuidando de su salud, tanto
preventiva como curativa, a fin de hacerlos más resistentes a las enfermedades
de los blancos. En 1977 le fue posible establecerse junto a ellos.
A partir de 1984, el territorio Ena–wenê-Nawê comenzó a
ser repetidamente invadido y depredado por gente ambiciosa. Vicente conocía el
peligro que corrían los indios y él mismo, y por lo mismo procuraba no salir de
la zona para no dejar solos a sus amigos. Murió pues con la conciencia de que,
continuando su presencia misionera, ponía en juego su vida.
Probablemente le mataron el 6 de abril de 1987, aunque su
cadáver no se descubrió hasta el día 16 de mayo, junto al río Juruena, en el
Estado de Mato Grosso (Brasil). Hasta la fecha los asesinos de Vicente no han
sido juzgados. Una sencilla piedra sacada del lecho del río marca el lugar donde
está enterrado. Grabado en ella se puede leer: Kiwxí, el nombre intraducible
con el que los indios le llamaban.
Sus hermanos jesuitas han conservado sus cartas en las
que se leen extractos como estos: “Paso todo el tiempo aquí en la aldea de los
indios, aprendiendo su lengua y viviendo como ellos. Me resulta fácil porque la
vida es muy simple y en una atmósfera en la que se palpa a Dios. Es magnífico
ver al Creador en todo, sin llevar la vida sofisticada de nuestra civilización.
Nos levantamos a la una de la madrugada, bebemos la chincha y comienza
enseguida el ritual, que son cantos y danzas al son de la flauta, alrededor del
fuego. Es una cultura la india, tan envuelta en Dios, que todo esto hace que
uno se encuentre más próximo a Él”.



















































