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7 de junio de 2012

La finalidad es 
el ser humano necesitado

Benjamín Gómez, Misionero Javeriano, lleva casi 18 años en Bangladesh, y es Coordinador de las Actividades Javerianas entre los grupos indígenas de Adivasis en la región de Mymensingh, al norte del país.
Sin la colaboración de Manos Unidas, mi trabajo en Bangladesh habría resultado más difícil. Los misioneros no somos la respuesta a la falta de desarrollo económico, ni tampoco tenemos la formula mágica para acabar con las hambrunas o epidemias, pero sí podemos servir de puente entre quienes se dedican a ello y aquellos que necesitan de una vivienda, una escuela o en su caso un hospital: hablo de los empobrecidos por ser pobres.
Un mayor conocimiento de la lengua, cultura y antropología de estos pueblos en vías de desarrollo nos permite hablar con una cierta autoridad que quizás otros no tengan. A lo largo de diecisiete años en este país he contado siempre con un fuerte apoyo de muchas personas voluntarias en Manos Unidas. Con algunas de estas personas amigas nunca nos hemos visto, no ha habido tiempo para conocernos, pero lo curioso es que a través de su trabajo, su escucha, su respuesta a mis cartas, e incluso su llamada telefónica, he podido concretar pequeños sueños y realizar otros más grandes que solo, o por mi cuenta, estoy seguro que no habría conseguido. En la última década hemos construido un hospital, un orfanato para jóvenes, una escuela de Secundaria, además de facilitar dos puentes para una población ubicada en zonas extremamente remotas de difícil acceso en la frontera con India.

Manos Unidas ha estado ahí, poniendo su importante granito de arena, transformando la praxis en vida, y haciendo del desarrollo humano y económico una vía de diálogo entre sectores de tradiciones religiosas distintas: Por medio de la escuela se encuentran todos, independientemente de su credo o fe; al hospital nos llegan los casos más variopintos de enfermedades tropicales y situaciones críticas que requieren intervención quirúrgica inmediata; los centros de artesanía facilitan un aprendizaje de oficios que culminan ayudando a la persona a construir su propio taller y empezar a ser realmente autónomos e independientes.
En países como Bangladesh, la injusticia o injusticias están al orden del día. El trabajo solidario y de cooperación permite afrontar estas situaciones extremas de forma conjunta, por lo cual, mejorando las condiciones de vida de las familias, automáticamente sumamos un punto en mejora en los derechos humanos, y aquí hay que rematar bien el clavo. He descubierto que la solidaridad se practica sin distinción de credo, sexo, raza, nacionalidad o afiliación política; la finalidad es el ser humano necesitado. Si alguna vez cuentas con la posibilidad de visitar Bangladesh, encontrarás un sinfín de gente por todos lados, un pueblo joven, un país nuevo, con ganas de vivir. Por ello es fundamental nuestra aportación, precisamente porque es como un recién nacido que da sus primeros pasos pero que necesita de esa mano amiga que lo levante cada vez que cae, porque no esta hecho, no esta maduro.
El pobre, la pobreza que vemos aquí, puede ser en si misma una violación de numerosos derechos humanos básicos; es por ello esencial dar una mano o, al menos, intentarlo. Gracias a vosotros que desde ahí nos apoyáis.
(Fuente: Boletín de Manos Unidas)