La diócesis de Mangochi, en Malawi, es una zona
densamente poblada, bañada por tres lagos. Su población, formada por una mezcla
de tribus, se dedica a la pesca como actividad principal de subsistencia,
aunque algunos habitantes llevan a cabo actividades agrícolas a pequeña escala,
cultivando principalmente maíz, arroz y mandioca para su alimentación y, en
ocasiones, tabaco y algodón. La mayoría vive por debajo de la línea de pobreza,
con menos de un dólar al día.
Pero es precisamente la abundancia de agua, que permite
la subsistencia a través de la pesca, la que tiene también efectos negativos en
el desarrollo del área: el gran número de arroyos y riachuelos que corren por
la zona hace que las comunicaciones sean muy precarias y, en las épocas de
lluvia, muchas aldeas quedan aisladas. El peor de los efectos es la
proliferación de la malaria. Y es que, en Mangochi, las cifras de la malaria
impresionan: un 23% de los niños menores de 5 años mueren cada año por esta
causa, el 80% de las muertes infantiles del país.
Una solución
necesaria
Ante esta dramática situación, la Comisión Católica de
Salud de la diócesis preparó un plan de actuación urgente: la puesta en marcha
de un programa de dos años de duración, en dos de las zonas en que se divide la
diócesis, para disminuir el índice de mortalidad infantil mediante actuaciones
destinadas a la educación de la población y a la reducción del número de
transmisiones de la enfermedad.
Los fines que pretende conseguir son muy claros: limitar
en un 50% la mortalidad infantil causada por la malaria, mejorar la situación
socio-económica de la población al reducir el número de enfermos, y mejorar la
atención que se presta en los centros de salud, al
rebajar la carga que supone el enorme número de enfermos que sufren malaria. El
programa, además, incluye charlas de concienciación a distintos niveles, el
reparto de mosquiteras, la fumigación de las aldeas y el desarrollo de la
medicina natural para combatir la enfermedad.
Desarrollo del
plan de acción
El objetivo de la Comisión de Salud de la diócesis es que
los beneficiarios hagan suyo el proyecto. Afortunadamente, las comunidades en
las que se va a desarrollar tienen una estructura muy bien definida en lo
relativo a la toma de decisiones. Los temas que afectan al grupo son discutidos
en varios niveles, desde las familias hasta los comités de distrito, pasando
por los comités de las aldeas... o a través de las comunidades cristianas
llegando finalmente a las comisiones de las diócesis. Por tanto, los miembros
de la comunidad participarán en la planificación y toma de decisiones y serán
los que dirijan la realización de las actividades.
La Comisión coordinará toda la asistencia sanitaria de la
diócesis y los programas de educación sanitaria, ya que el programa tiene
también como núcleo fundamental la formación de todas las personas participantes
en el desarrollo de las actividades. Así, al finalizar el proyecto, los
miembros de la comunidad tendrán los conocimientos necesarios para seguir
luchando contra la enfermedad en el futuro. En la implantación del proyecto
además de los voluntarios intervendrán personas técnicamente cualificadas,
enfermeras, asistentes médicos, los responsables de salud de la diócesis (coordinador
de programas y secretario de salud) y trabajadores sociales.
Al enfrentar por una parte las causas directas de la
enfermedad, y por otra la educación de la población para su prevención, se
prevé que el proyecto, que se sitúa dentro de las actuaciones dirigidas a la
consecución del sexto Objetivo de Desarrollo del Milenio -“Combatir el Sida, el
Paludismo y otras enfermedades”-, tenga un impacto de largo recorrido. Se
beneficiarán directamente, sin ningún tipo de discriminación en base a su raza,
religión o situación económica, más de 11.000 personas e, indirectamente, toda
la población del área.



















































