Marcos Delgado, misionero en Benín, de la Sociedad de
Misiones Africanas, escribe una de las historias de su día a día que ocurren en
su misión.
“Hoy quiero contaros la historia de este precioso niño
que se va llamar Marcos y que nació el martes 3 sobre las 12 de la mañana. Es
una historia dramática pero, gracias a Dios, con final feliz. Os lo cuento
cronológicamente para que os hagáis una idea.
Lunes,
2 de septiembre, 18 h:
Suena mi teléfono y veo que es Agustín, el catequista de
Kpauya, uno de mis 33 pueblos, y me informa de que la mujer del presidente de
la comunidad está muy grave. Le digo que me es imposible ir ya que estoy en la
ciudad, que mi coche está en el mecánico y que no sé cuando acabaran. Que la
traigan al dispensario de Bugu. Vuelvo tarde y cuando paso al dispensario, allí
nadie sabe nada.
A la salida de la misa, Agustín me está esperando e
imagino que el problema continúa. Me informa que no habla desde el domingo en
la mañana, y que tiene como crisis epilépticas.
Enseguida nos ponemos en marcha y después de quince
minutos de mal camino el espectáculo que me encuentro es increíble. En el
centro de la casa, de techo de paja, sobre una estela de plástico se encuentra
Teresa, inconsciente, con espasmos. Varios paños acogen su cabeza en forma de
almohada. La llamo, intento menearla y nada, totalmente inconsciente. Al mismo
tiempo me doy cuenta de que está embarazada y calculo que estará de cuarto o
quinto mes. Todos dudamos si verdaderamente merece la pena llevarla al hospital
pues pensamos que no hay solución ya que está en estado muy grave. El marido me
dice que el mismo sábado estuvieron en la maternidad de Bugu y que ya no tiene
un duro. En un segundo de luz, decido llamar a Irene, la enfermera jefe de
Bugu, que es cristiana. Me dice que si no está consciente tengo que llevarla
directamente a Djougou, al hospital de la capital. Ya me veo con otro problema.
No quiero gastar dinero inútilmente como en otros casos. Me dice que va a
consultar la matrona y cuál es mi sorpresa cuando me vuelve a llamar para
decirme que la mama está ya de nueve meses y que la lleve sin dudarlo. No hay
otra solución aunque solo sea para salvar al niñ@ que lleva en su seno. Digo a
Irene que me prepare los papeles para su traslado a Djougou, que nos ponemos en
camino.
Entre Agustín, su marido y yo conseguimos sacarla, no sin
esfuerzo y ahora más inconsciente, los 200 metros que separan su casa de donde
hemos podido dejar el coche. En el camino parece que está como muerta. Voy
pensando que no podrá salir de esta y qué es lo que vamos hacer con el niño si
ella muere ya que no tienen familia en la región, pues son de origen togolés.
Cuando llegamos al dispensario de Bugu los papeles están
ya listos y continuamos la ruta hasta llegar al hospital de Djougou. Treinta y
cinco km. Eternos. En la maternidad, la ecografía nos asegura que el niñ@ está
bien y que van a hacer la cesárea. Inconsciente, la meten en el quirófano y,
después de dejarles dinero, me vuelvo a Bugu pues en la tarde tengo que ir a
celebrar a otro pueblo.
Son las dos de la tarde cuando me llaman para decirme que
todo ha salido bien, que es un varón pero que la mama sigue inconsciente. Le
digo a Agustín que tendrán que comprar ropa y leche para él. Me responde que
las enfermeras ya se lo han dicho y que ahora están más tranquilos pues ha
llegado ya la mujer que nos iba a seguir.
Miércoles,
4 de septiembre, 10h:
Viaje al hospital y el padre me recibe muy contento
dándome las gracias. Me conducen a la habitación G donde se encuentran la madre
y el niño. Otras cuatro mujeres están hospitalizadas. La madre sigue
inconsciente pero reacciona ante mi pellizco en el brazo, signo de que por lo
menos no está en coma. No podemos hacer otra cosa que esperar y confiar. Esta
mañana hemos celebrado la misa por ella. Me voy a hacer cosas en la ciudad pero
les prometo que volveré a pasar antes de marchar a Bugu. Con dos jóvenes de
Bugu comemos sokuru (Ñame pilado) y luego deciden acompañarme para ver al niño.
Saludamos y todo parece igual hasta que ante los saludos en kabie, su lengua,
de una de las jóvenes, la mama reacciona moviendo la cabeza. Es un buen signo y
la alegría nos invade. Entre risas decidimos que el niño se llamará Marcos,
porque es igual de guapo que yo. (jajajaja).
Jueves,
5 de septiembre, 8h:
Duermo ya más tranquilo y en la mañana llamo por teléfono
a Agustín y me dice que la mamá se ha despertado pero que no dice más que
palabras sin sentido y que no entienden nada pero para mí ya es un buen signo,
o eso parece.
Viernes,
6 de septiembre, 10h:
Otra vez a la ciudad, solo son 32 km, y cuál es mi
sorpresa cuando me encuentro a la mamá atada de pies y manos, gritando y
hablando sin sentido. Agustín me dice que lleva 20 horas sin dormir. Perece una
loca en estado de crisis. El pesimismo vuelve a surgir entre nosotros aunque el
niño sigue bien y toma bien la leche, dada con una gran jeringa. Hablo con los
enfermeros para que la seden y que pueda descansar. Hasta ahora solo la veía el
ginecólogo. Me vuelvo a casa pensando que si se va a quedar en ese estado mejor
que se hubiese muerto.
Sábado,
7 de septiembre, 6,30h:
Cuando estoy a punto de tocar las campanas para la misa
matinal, suena el teléfono. Es Agustín. Me temo lo peor. Pregunto qué pasa y me
dice: “Padre, a las dos de la mañana Therese se ha despertado diciendo que
tiene y ha comido un poco”. ¡Las campanas han sonado más fuerte que nunca!
Domingo,
8 de septiembre, 16h:
Después de celebrar tres misas en tres poblados, una
buena comida y mejor siesta me resisto a no ir a verlos así que aunque cansado
me voy a Djougou. Llego al hospital. Ella duerme. Su marido sonriente y más
feliz que nunca vela el sueño de los dos, mujer e hijo. No dejo que la
despierte. Me vuelvo a casa feliz.
Lunes,
9 de septiembre, 16h:
Este lunes es un viaje más pero muy distinto. Este está
lleno de vida. La mamá está muy bien, aunque aún algo cansada y no muy
habladora, pero el padre no deja de decir que es un milagro. ¡Ni que lo digas!,
pienso yo.
Llegamos al pueblo y toda la gente ha salido a recibirnos
entre gestos de sorpresa y admiración.
Como veis un final feliz que no siempre ocurre. El futuro
está aún por escribir. Un saludo desde Benín”.


















































