El padre Jesús Herrero Gómez, director y promotor de los
colegios Fe y Alegría del Perú, falleció a los 71 años, víctima de un infarto,
el pasado 10 de diciembre. Según información facilitada por la institución el
padre Herrero sufría de problemas cardiacos. El velatorio tuvo lugar en la
Parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Miraflores, Lima.
Jesús Herrero nació en Madrid, en 1942, y llegó con 24
años a Perú, donde desarrolló gran parte de su formación como jesuita. Fue
director general de Fe y Alegría de 1988 a 1998, y presidente del Consejo
Nacional de Educación (CNE).
Gran impulsor de los Colegios “Fe y Alegría”, fue
director general de esta red de educación católica de 1988 a 1998, y presidente
del Consejo Nacional de Educación (CNE). Asimismo, ocupó una plaza docente en
la Oficina Nacional de Educación Católica (ONDEC) hasta el año 2011, en que
cumplió 70 años de edad.
Por ello, la Directora de la ONDEC, María Torres Castro y
la Oficina Nacional han rendido unas palabras de homenaje a este sacerdote
“hermano, amigo y maestro”, que con su testimonio supo evangelizar la cultura y
educación, a nivel social, político y religioso, destacando por su entrega a
los más necesitados en la red de colegios “Fe y Alegría”.
“Gracias Jesús, desde el cielo seguirás siendo nuestro
aliado, amigo, hermano. Descansa en Paz y goza del premio merecido en la
eternidad. María Inmaculada nuestra Madre te ha recibido en sus brazos para
conducirte hasta su Hijo”, concluyen las palabras en homenaje al Padre Jesús
Herrero.
El Ministerio de Educación de Perú reconoció su
aportación a la educación otorgándole un importante reconocimiento en el 2008.
Algunos años después, en 2011, sus compañeros en el CNE le eligieron presidente
de esta institución por sus cualidades más que suficientes para llevar adelante
la institución. “Y Jesús lo hizo colmadamente, como hacía todo, componiendo
siempre, articulando, limando asperezas, buscando lo equivalente en medio de lo
diferencial, pero también señalando deficiencias, cuando había que señalarlas,
y sin renunciar nunca, aunque fuese a su modo, a la capacidad de indignación”,
según señalan desde el Consejo Nacional de Educación


















































