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24 de octubre de 2012

Un misionero salesiano en Papúa-Nueva Guinea: 32 años al servicio de los demás


El padre Valeriano Barbero lleva 32 años en uno de los países más increíbles del mundo, Papúa-Nueva Guinea, entre el Océano Índico y el Pacífico. De hecho es el primer misionero salesiano en este país y su labor durante estas tres décadas se ha reflejado, en lo exterior, en iglesias, centros de formación, colegios… y, en lo espiritual, en los sacramentos, el amor y servicio a la Iglesia – agradecido por la Santa Sede con una medalla hace unos años – y en su dinamismo misionero. Ha tenido varios destinos. Fue el impulsor de uno de los mejores centros de formación de Papúa, el Instituto Salesiano de Port Moresby, la capital. Construyó la Iglesia de María, Ayuda de los Cristianos, también en Port Moresby, que es más que una parroquia, ya que desarrolla una increíble labor en la promoción de la mujer y en evitar la violencia juvenil, un problema endémico en Papúa. Ha colaborado en la construcción de colegios salesianos en Port Moresby, donde hay dos, en Rabaul, en Vanimo, en Kundiawa. La labor de los salesianos en Papúa-Nueva Guinea ha tenido nombres propios y uno de ellos, sin duda, ha sido el del padre Valeriano.
Ahora trabaja en Rabaul, no propiamente en Nueva Guinea, sino en la vecina isla de Nueva Bretaña. Se encarga de diversas parroquias en pueblos rodeados de junglas casi impenetrables, como las de Melakup-Pomio Deanary, Nutuve o Matong. Las Obras Misionales Pontificias le han enviado en estos últimos meses 28.000 dólares para completar la construcción de estas iglesias. Es una pequeña ayuda a la labor de este misionero que está siendo testigo del aumento del número de católicos. En Matong, una aldea costera, la iglesia parroquial tendrá capacidad para 600 fieles y es que, poco a poco, el mensaje del Evangelio penetra en los corazones.