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3 de septiembre de 2013

El misionero en Perú, Fernando Asín: “Ellos me enseñan a creer, a rezar, a cantar, a vivir y dar gracias a Dios”


El sacerdote diocesano Fernando Asín Castellón, misionero en Perú, compartía su testimonio misionero en el Encuentro de animación misionera de la pasada semana en Alicante: “Estoy de misionero en la diócesis de Chimbote, Perú desde hace más de 11 años. Estuve en la ciudad de Casma, a 60 kilómetros de Chimbote, durante 5 años, parroquia que los sacerdotes alicantinos han atendido durante más de 25 años. Además de la ciudad, de 30.000 habitantes, se atendía a más de 40 comunidades campesinas. Después pasé a la ciudad de Chimbote y estoy en los últimos barrios de la ciudad que van creciendo a base de invasiones humanas, en medio de estos arenales (estamos en el desierto). Ya se dividió la parroquia, dejando 4 capillas y unos 25.000 habitantes a otro sacerdote. Se creó una nueva Parroquia, La Inmaculada Concepción, hace dos años que actualmente consta de 9 capillas y atiende a unas 60.000 personas. Me acompañan dos religiosas italianas con mucha experiencia pastoral en estos barrios. Tengo unas 30 catequistas que son una maravilla por su fe y entusiasmo y un grupo juvenil de unos 25 jóvenes que ya lleva tres años funcionando. Hay una trabajadora social que atiende tantos casos de falta de salud sobre todo en niños y ancianos. La mitad del presupuesto parroquial se dedica a este fin (casos sociales). Aquí la mayoría no tiene seguro médico ni trabajo formal y cuando viene la enfermedad a algún miembro de la familia no tienen dinero para ser atendidos y pagar pruebas de diagnóstico o comprar medicinas. También hay un gabinete de ayuda sicológica (el sufrimiento lleva a traumas y desesperación).
Mi fe es un regalo de Dios. La vivo con mucho agradecimiento. No sé porqué Dios me quiere tanto y me ha traído a estas tierras a ayudar y acompañar a estas gentes. Cada día le doy más gracias a Dios por la suerte que tengo. Cuando me ordené sacerdote hace casi 42 años (ahora tengo 65 años de edad) no tenía en mi cabeza venir a misiones, pero los caminos de Dios no son nuestros caminos. No me consideréis un supermán o un héroe porque no lo soy. Disfruto de estar aquí y poder servir a tanta gente. No es un sacrificio. La gente me humaniza. Creo incluso que es más fácil ser sacerdote en América Latina que en Europa. Estoy rodeado de gente joven que me aprecia muchísimo y de comunidades cristianas entusiastas. Ellos me enseñan a creer, a rezar, a cantar, a vivir y dar gracias a Dios por la vida, a pesar de las penurias.
Colaboro con el Obispo en la formación de los sacerdotes (soy delegado diocesano del clero). Doy también clases de bioética en la facultad de medicina de una universidad privada a unos 90 alumnos y "Fundamentos de bioética" a unos 10 doctores que realizan su especialización médica. Así que no tengo tiempo de aburrrirme. Me gusta mucho leer, sobre todo, Cristología. Y buena literatura. Participo en un taller de Derechos Humanos en un instituto de teología en Lima, una vez al mes. Y en un equipo de espiritualidad sacerdotal llamado El Prado que intenta optar por Jesús y por los pobres. En Perú somos 25 sacerdotes del Prado. Participé en Alicante durante 14 años en el equipo que ahí existe. Hacemos lectura meditativa del evangelio y revisión de vida. Y celebramos nuestra fe.
Espero que os haya servido esta crónica de mi tarea pastoral. Que Dios os bendiga”