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10 de diciembre de 2013

Javier Negro, misionero escolapio en África: “Si tienes muchos bienes, compártelos; si tienes pocos, comparte tu corazón”


El misionero escolapio Javier Negro escribe desde su misión en Camerún, con motivo del octubre misionero y de la jornada del Domund que celebraremos el próximo 20 de octubre.
“Otros años ‘me tocaba’ impulsar esta Jornada misionera desde España en los colegios escolapios. Ahora ‘me toca’ desde el corazón de África Central (concretamente, Camerún, Guinea Ecuatorial y Gabón), donde los escolapios gestionamos doce escuelas de maternal y primaria y cuatro de secundaria/bachiller, con un total aproximado de más de 5.000 niños y niñas; un centro agroveterinario para unos 100 jóvenes; una escuela de formación profesional con 400 alumnos; y también ocho parroquias, cada una con una media de doce capillas en el extrarradio de cada parroquia central. En las escuelas de maternal y primaria, con la ayuda de instituciones españolas, sobre todo de Aragón y País Vasco, cada día damos la comida a todos los alumnos.
Nuestra misión escolapia es ‘evangelizar educando’. La ‘miseria’ es muy grande, lo cual, visto en países muy ricos en materias primas, señala la injusticia estructural que nos rodea a todos. Casi la mitad de la población de estos países es menor de 18 años; así que se ven a millares los niños, adolescentes y jóvenes por las calles de las ciudades y los caminos de los pueblos.
Necesitamos libros de texto, al menos los cuatro principales para estos niños (solo tiene algún libro alrededor del 5% de ellos), y otras muchas cosas esenciales para vivir. El otro día, visitando una de nuestras escuelas, les pregunté a los de 4.º de primaria: ‘¿Qué querrías tener que no tenéis?’. Su respuesta inmediata, muy educados, levantando la mano, fue: ‘Agua potable y una capilla’. Inmediatamente pensé en mis alumnos de España y en lo que me habrían pedido: una videoconsola, un ordenador... Al estilo de Jesús, se me enternecieron las entrañas, y… en ello estamos: en ver quién nos financia un pozo de agua para que la gente no tenga que recorrer cada día dos horas para buscarla en un río; y quién nos echa una mano para construir la capilla. Vamos consiguiendo ayudas, pero no hemos llegado aún a hacer realidad estos dos sueños concretos. Casi todas nuestras otras escuelas tienen capillas, y en ellas hacemos la ‘oración de niños pequeños’ constantemente y celebramos los domingos eucaristías gozosas y con mucha vida; cantos preciosos, todo al son de los instrumentos tradicionales de aquí: el tam-tam, los xilófonos de madera, etc. Es impresionante ver todos los días alguna de nuestras iglesias a las 6 de la mañana llena de gente cantando los laudes y celebrando la Eucaristía. Los domingos, la misa de niños llega a tener entre 400 y 600 de ellos, y me impresiona lo callados, participativos y contemplativos que están, ante todos los signos y ritos que ven y que parece que se comen con los ojos.
Hay muchos jóvenes que quieren ser religiosos y sacerdotes, especialmente escolapios; pero intentamos aplicar estas dos palabras básicas en la pastoral vocacional: discernimiento y acompañamiento. Porque, en definitiva, toda vocación es un encuentro y una llamada muy personal de la persona y de Dios; y no es cuestión de deseo o de imagen y prestigio social.
Hay mucho que contar y mucho que reflexionar y divulgar, aquí y allí. A veces pienso que el ‘Lázaro’ de la parábola de Jesús está en África y ‘Epulón’, el rico, en el norte. Y aún más fuerte: que Epulón le ha quitado la comida a Lázaro y, como mucho, le da las migajas que quedan. Y, para acabar, un refrán africano: ‘Si tienes muchos bienes, compártelos; si tienes pocos, comparte tu corazón’”