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14 de enero de 2014

“Siyabonga, Twalumba, Taboka”, agradecimiento del misionero José Luis Ruiz y los 50 años de la diócesis de Hwange


Con motivo de las bodas de oro de la diócesis de Hwange, Zimbabue, el misionero diocesano José Luis Ruiz cuenta como han celebrado este aniversario y agradece a todos los que les han ayudado en estos años, especialmente a su diócesis de Asma-Soria.
“Este año la celebración del Domund ha tenido un tinte especial de agradecimiento y alegría. Acabamos de celebrar nuestras Bodas de oro: sí, nuestra diócesis de Hwange acaba de cumplir 50 años y nos reunimos para dar gracias al Dueño de la mies por la cosecha conseguida. En pocas ocasiones nuestra celebración fue tan concurrida pues acudimos de todos los rincones de la diócesis y elegimos hacerla en la Misión de Santa María, la madre de todas las misiones. Desde allí, en 1935 empezó la evangelización de la zona (la escuela primaria, con internado para los que venían de lejos, y el pequeño hospital fueron puntos de referencia para toda esta región durante muchos años).
Tuvimos dos días de celebración con un bello lema: ‘Recordamos-Creemos-Celebramos’. Recordamos: el sábado por la tarde estaba programado para caldear el ambiente trayendo a la memoria hechos y personas que, a lo largo de estos 50 años, han dejado huella en la vida de la diócesis; cada parroquia presentó un número, algunos un poco de su historia, otros lo más saliente de la vida de la parroquia. Teatro, música y poesía, con arte y humor, fueron describiendo la vida de esta Iglesia particular. Fue un momento intenso para hacer memoria y mirar aquello que hemos logrado y, al mismo tiempo, para pedir perdón por todo aquello en lo que hemos fallado como Iglesia. Ciertamente fue éste un momento bonito para recordar a tantas personas, no sólo misioneros de fuera sino también seglares comprometidos, catequistas, religiosas y sacerdotes locales que han contribuido a que la fe haya echado raíces en nuestro pueblo. En ese recuerdo nuestra diócesis de Asma-Soria estuvo también presente; dimos gracias por la generosa ayuda económica que durante estos años la diócesis de Asma-Soria ha ofrecido a esta Iglesia local de Hwange, a través de la Delegación de Misiones o de Cáritas o de la parroquia de Ágreda o directamente. Entre todos habéis hecho posible la construcción de escuelas, clínicas, etc. así como contribuir a paliar las necesidades básicas de este pueblo.
La liturgia del domingo fue el centro y culmen de la celebración. El coro diocesano, un abundante grupo de hombres, mujeres, niños y niñas que danzaban en ritmo oracional, proporcionaron el apoyo musical y artístico a nuestra oración. En su predicación, el Obispo nos presentó su visión de una diócesis servidora, en solidaridad y al servicio del pueblo, al servicio de la verdad, la reconciliación, la justicia y la paz. Testigos del amor y la ternura de Dios hacia todos, sin ninguna distinción. Una Diócesis alegre, dinámica y misionera que atraiga a la gente hacia Jesús.
Después de la Misa hubo un símbolo para darnos a entender que nuestra celebración tenía una proyección hacia el futuro: un árbol recién plantado iba a ser regado con agua procedente de los diferentes ríos que cruzan la diócesis. Mujeres de las diferentes parroquias vinieron con sus jarras en la cabeza presentándolas al Obispo para que bendijera el agua y la derramase junto al árbol; se quería expresar nuestro esfuerzo común contribuyendo al crecimiento y desarrollo de la diócesis. Con nuestro primer Sínodo diocesano en perspectiva ese símbolo adquiría un significado mayor.
Al final de la celebración algunos más mayores disfrutamos comentando lo que recordábamos de la inauguración de la diócesis en 1963, cuando tomó posesión el primer Obispo de la nueva diócesis, Mons. Ignacio Prieto. Mientras estábamos conversando, una chiquilla (unos 12 años) me vino a decir: ‘Vengo de Milonga. Mi abuela Martina no ha podido venir porque anda mal de sus piernas pero me ha encargado que le salude; dice que la bautizó usted cuando iba a la escuela’. No la recordaba en absoluto pero me dejó buen gusto de boca ese saludo. Desde aquí, desde esta pequeña porción del pueblo de Dios, a todos los que os sentís cercanos a nosotros, a todos los que colaboráis con nosotros, simplemente os decimos: ‘Siyabonga, Twalumba, Taboka’. Gracias”.