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21 de julio de 2014

Desde el terremoto, las misioneras de Ecuador con el pueblo haitiano


La Conferencia Ecuatoriana de religiosos, CER, mantiene en Haití una Comunidad Intercongregacional que desde el terremoto de de 2010 busca acompañar la realidad del pueblo y de la vida religiosa haitiana, desde el testimonio y la vivencia fraterna. Se trata de un logro importante para un pequeño país como Ecuador, que a través de esta comunidad misionera, muestra su corazón solidario y la disponibilidad de la vida religiosa.
Durante estos cuatro años han ido pasando varias hermanas por la comunidad. Según cuenta la hermana Lourdes desde Ecuador, aunque casi todas las hermanas participantes han sido ecuatorianas, desde hace unos meses se encuentra formando parte de este proyecto la hermana española Piedad Aldaz, comboniana. Piedad es de Navarra, y antes de aceptar esta misión inter-congregacional en Haití, ha vivido en África y, por supuesto, en Ecuador. Piedad forma comunidad con las hermanas Clemencia Rodríguez, Mercedaria Misionera, Ana Arias, Misionera de María Corredentora, y Diana Méndez, Dominica de la Enseñanza.
La iniciativa de crear una comunidad con religiosas de diversas congregaciones se remonta al 2 de febrero del 2010. Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada ese día, la Conferencia de Religiosos del Ecuador convocó a la vida religiosa del país para unirse a esta misión. Se quería acompañar el proceso de reconstrucción del pueblo haitiano, sobre todo, cuando el triste acontecimiento dejara de ser noticia.
Desde ese momento, la Junta Directiva, la Comisión de animación misionera de la CER y las hermanas que acogieron, han trabajado en la definición de los objetivos, los criterios de participación, las responsabilidades compartidas y los destinatarios de esta misión.
Según expresan desde la CER, el terremoto no es más que un momento en la vida e historia del pueblo haitiano, que carga con décadas de inestabilidad política, falta de estructuras, miseria y corrupción. Entienden que su pequeña aportación va en la línea de la reconstrucción del tejido personal y social, a medio plazo, y no sólo de una ayuda puntual y urgente.