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1 de julio de 2014

El agradecimiento de un sacerdote indio recién ordenado a la campaña de Vocaciones Nativas


El joven indio Kokto Kurian, de una familia con pocos recursos y huérfano de padre, hoy es sacerdote y párroco en Kohima, su tierra. Recién ordenado sacerdote y escribiendo desde su primera parroquia, el joven padre Kokto Kurian agradece la generosidad de todas aquellas personas que colaboran con la campaña de Vocaciones Nativas y que han hecho posible que hoy él sea sacerdote.
Parece una coincidencia, pero su parroquia está dedicada al santo patrono de las vocaciones, San José. Aunque es una pequeña parroquia en la aldea de Chumukedima, de esta parroquia dependen otras once aldeas y dos institutos de educación secundaria católicos, de los que el joven sacerdote es el capellán. En esta zona de la India, la más oriental, encima de Birmania, más del 80% de la población es cristiana, por lo que el nuevo párroco de San José se verá arropado por un entorno menos agresivo que en otras partes del país.
En una carta dirigida a la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, promotora de la campaña de las Vocaciones Nativas en países de misión, Kokto se presentaba con sencillez: “Soy hijo del señor Titus Meremon y de la señora Elizabeth Ningtsashe. Tengo dos hermanos y tres hermanas. Pertenezco a la tribu Yimchumgrii Naga, de Nagaland. En el año 1992, perdí a mi padre y fue mi madre sola la que nos sacó adelante con grandes sacrificios”… Con seis hijos y viuda, la madre de Kokto logró que cuatro de sus hijos encontraran trabajo y se casaran. Kokto quiso ser sacerdote y lo ha logrado. La hija pequeña también sintió que Dios la llamaba y hoy es religiosa de la congregación de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento.
Hoy, el sacerdote recuerda con cariño estos últimos años en el seminario del Buen Pastor de Kohima: “Aprecio la libertad que se nos dio a mí y a mis compañeros para actuar como adultos responsables que quieren ser sacerdotes… recuerdo los momentos de oración y la vida en comunidad que sin duda alguna consolidaron mi vocación”. El medio centenar de seminaristas de Kohima siempre han tenido a su lado el apoyo de San Pedro Apóstol, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, que se ocupa de que estas vocaciones no se pierdan por falta de recursos económicos.
De ahí el agradecimiento de Kokto: “También me doy cuenta de que todo el bienestar material de que he gozado estos años es gracias a la ayuda y a los sacrificios de muchas personas buenas… Personas que trabajan y colaboran por la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol… Les recuerdo a todos en mi misa diaria”