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2 de julio de 2014

Recovecos de vida interior del misionero Josep Frigola


Después de una larga trayectoria como misionero en África, el padre Josep Frigola, ampurdanés de Vila-robau, Girona, comparte sus recovecos de vida interior, una reflexión con el corazón abierto sobre sus últimos pasos como misionero.
Tras unos años en el seminario de Girona, Josep Frigola comenzó su vida misionera en el año 1965 cuando fue enviado al entonces Alto Volta, en el África occidental, lo que se conoce hoy como Burkina Faso. Después de 20 años en aquel país, en diferentes lugares y parroquias, se traslada a Níger en 1985 donde, hasta los 68 años, ha llevado a cabo su misión, especialmente centrada en la educación de adultos.
“Siento que está próxima mi última etapa en África. Los indicios son evidentes: la edad, la salud, menos capacidad y posibilidad de trabajo en determinadas condiciones y el rumbo que es necesario tomar para dejar que las nuevas generaciones sigan y actúen como Dios manda.
Esta recta final demanda una cierta previsión, lo que se dice, una hoja de ruta. Cabe pues prever, discernir y decidir. Seguro que también hay que hacerlo en comunidad. Y, al mismo tiempo, hemos de evitar encerrar el Espíritu o cortarle las alas. Toda una proeza a la que todos estáis invitados a participar”, explica el padre Frigola.
Después de 40 años trabajando en misiones, Josep Frigola, reflexiona sobre su presente y futuro inmediato: “Os entrego un primer borrador de esta hoja de ruta que, estoy seguro, habrá que tocar y retocar. Si Dios quiere, durante las vacaciones del verano de 2015, a finales de junio, celebraremos juntos una misa de acción de gracias por el 50 aniversario de mi ordenación sacerdotal y misionera. Creo que vale la pena pero deseo hacerlo con sencillez. Después de los tres meses habituales de vacaciones, pienso volver a Níger por un breve tiempo. Será cuestión de celebrar también los 50 años de vida en tierras africanas y de agradecer a Dios todo el bien que he recibido. Lo aprovecharé para terminar de traspasar las actividades pastorales y sociales que tengo encargadas. Habrá que ver cómo se lleva a cabo el relevo en las mejores condiciones, facilitando la toma de responsabilidades y un nuevo impulso con autonomía.
Lo que depende de nuestro equipo misionero y de la institución eclesial no me preocupa mucho; justamente, la institución vela con celo y habilidad por ella misma. Pienso más bien en el proyecto de alfabetización de adultos. Esta actividad supone preocuparse cada año de un millar de alumnos y de un centenar de profesores; se encuentran dispersos en seis comunidades, a muchos kilómetros de distancia los unos de los otros. En cuanto al trabajo, al que me he comprometido hasta ahora de traducción de textos –un nunca acabar- pienso dejarlo bien asentado. Intento igualmente descubrir los lugares más adecuados donde habrá que guardar la importante documentación sobre el país que he ido recopilando y una gran parte de material didáctico que tenemos en reserva. Entonces, hacer las maletas para una vuelta definitiva, será fácil.
Y, después de todo esto, ¿qué?, preguntaréis. Esto es, sinceramente, lo que me falta por decidir. Si por mi fuera, me gustaría ofrecer unos años de servicio pastoral a la diócesis de Girona. Reencontrarme con las raíces de mi partida a la Misión, agradecer tanto que debo a mucha gente de nuestra tierra y concluir así el ciclo de las fuerzas apostólicas que me queden. Pero ya lo sabemos: el hombre propone y Dios dispone”