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6 de octubre de 2014

Desde Mangola, Tanzania: “La fe mueve montañas. Por ella y para ella vivimos aquí. Merece la pena”


Los misioneros en Mangola, Tanzania, José Aguilar, Miguel Ángel Lozano y Benjamín Richi, escriben a la delegación de misiones de Sevilla, después del verano y, de nuevo, volcados en su misión.
“Estamos atravesando el suave invierno local y padeciendo un viento infernal que tumba árboles y hace pesado el caminar. La hermana Ángeles dice que cada vez que pasa por el callejón, que ha quedado entre los muros de la nueva Iglesia y el hospital, cree que el viento se la llevará. Pero no es solo eso; el viento levanta nubes de polvo que llena todo el ambiente y todos los rincones de las casas. Los albañiles que trabajan en los muros de la nueva iglesia, a 10 metros de altura, se las ven y se las desean para permanecer firmes en las alturas. Exigen más sueldo por el riesgo que corren, dicen.
Los muros de la Iglesia suben y suben. La población local esta asombrada y se preguntan cómo vamos a techar ese alto y ancho edificio sin grúas ni otras ayudas mecánicas, solo a base de fuerza bruta. No sabemos qué responderles, pues hasta nosotros no sabemos cómo será. Por ahora seguimos con los muros, que ya son bastante complicados, y, cuando llegue el techar, Dios dirá. Gracias a todos los que, de una manera u otra, colaboráis con vuestro apoyo técnico y material. Será un edificio majestuoso en medio de las sencillas casas locales circundantes. Algunos nos preguntan por qué gastamos dinero en una cosa así. Sólo tenemos una respuesta: construirla fue decisión de los propios cristianos, por la necesidad de disponer de un lugar donde reunirse todos juntos para rezar, pues el actual no tiene capacidad para todos. En muchas ocasiones nos han achacado que habíamos construido una mezquita para los musulmanes más grande y bonita que nuestra propia Iglesia católica. Y hoy se sienten orgullosos de lo que se está haciendo, pues se está realizando un sueño anhelado por ellos durante mucho tiempo. La fe mueve montañas. Por ella y para ella vivimos aquí. Merece la pena. (…).
Juventud, divino tesoro, dijo un clásico. Así lo experimentamos durante julio y agosto con 7 jóvenes veinteañeros sevillanos que decidieron pasar un tiempo con nosotros. Todos disfrutamos con el mutuo compartir la vida sencilla de Mangola. Pero a veces pensamos que de forma diferente. Nosotros nos esforzamos por explicarles una forma de vida que se fue y no conocieron, y ellos se esfuerzan por explicarnos el mundo incierto que viven y les espera. Sus preocupaciones son las nuestras, pero nosotros las contemplamos en la distancia y ellos están metidos en el ajo. En algo coincidimos: ahora es su oportunidad de hacer algo diferente para cambiar el mundo y vivir a pleno su juventud. Es su hora para mostrar su rebeldía y formas de vida diferentes para encarar los desafíos de su tiempo. Nuestras recetas fueron buenas, pero ellos han de aliñarlas con nuevos ingredientes. Nos asusta un poco el mundo virtual de maquinitas en el que viven y la distancia que han puesto respecto a la Iglesia, no por conocimiento de causa, sino por la cultura ambiental que les envuelve. Es frecuente escucharles decir: “si en España viviéramos unas Misas como las de aquí, iríamos todos los días”. ¿Qué pasa con las de allí? Entre discusiones y risas, trabajos, Misas, comidas sencillas, juegos de cartas y películas por la noche todos disfrutamos del aquí y el ahora. No echaron de menos muchas cosas normales de su vida en Sevilla. En verdad, la juventud es un tesoro incalculable. Los jóvenes nos hacen rejuvenecer y nos alegra saber que descubren otra forma de hacer y vivir sencillamente el Evangelio de Jesús de Nazaret. (…).
Los bosquimanos siguen recibiendo y padeciendo al turismo que los está destrozando. Hemos intentado muchas cosas para contrarrestar la corriente, pero sin éxito hasta el momento. Seguimos intentando mantenerlos unidos con reuniones, reparto de comida mensual y con campeonatos de tiro con arco todos los días 4 de cada mes para los hombres, y confección de brazaletes para las mujeres. Es un éxito. Los premios son: un teléfono y una radio para los primeros y dinero en metálico para los segundos y terceros. La guardería de Barazani está a pleno rendimiento, con la hermana Rosa al mando, que lo está haciendo muy bien. La de Jobaj la estamos reparando y va muy bien también. El taller de costura de las Pasionistas va progresando y hay que comprar más máquinas de coser. El grupo ‘Buen Samaritano’, con Richi al mando, sigue vivo. Nuevos afectados por el Sida se integran en el grupo para conseguir consuelo en sus vidas solitarias. Siguen el tratamiento, pero a veces se cansan y lo dejan y recaen. El Sida sigue machacando a muchos. Pero en el grupo se animan: cultivan una pequeña finca juntos y se benefician del tractor comunitario que tienen y que sigue trabajando muy bien (…).
Que Dios bendiga esta nueva vuelta al colegio y al trabajo; que bendiga vuestros proyectos (bodas, viajes, estudios, trabajos, inversiones…); que consuele a los afligidos por enfermedades, por falta de trabajo, por separaciones de pareja hoy tan frecuentes; que os dé paz e ilusiones; que os ayude a encontrar trabajo al volver de vacaciones. Y que a todos nos dé la ilusión de creernos jóvenes, poseedores de un tesoro incalculable y capaces de hacer poco a poco un mundo mejor”.