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7 de octubre de 2014

“No puede haber libertad sin instrucción”


 “No puede haber libertad sin instrucción” era uno de los principios que inspiraron la creación de la Obra de Escuelas de Oriente en el siglo XIX, una de las muchas instituciones de carácter misionero que nacieron en la Francia de aquella época. Institución que, el pasado mes, en la sede de l’Enseignement catholique de París, reunía a representantes del gobierno francés, de la Unesco y de la Francophonie, la organización internacional que apoya en el mundo la lengua y la cultura francesas, junto a los responsables de las principales congregaciones religiosas, masculinas y femeninas. Estos religiosos representan a los centenares de instituciones que enseñan en francés en Oriente Próximo. Gracias a estas instituciones más de 150.000 alumnos aprenden el francés, por lo que Mons. Gollnisch, director general de la Obra señalaba que “hay que agradecer y animar a los religiosos y religiosas que, por medio de sus escuelas, contribuyen cada día a la perennidad de la enseñanza de la lengua francesa y de sus valores”.
Fundada en 1856, la Obra de las Escuelas de Oriente se creó con el fin de ayudar a los religiosos dedicados a la enseñanza, primero en el Líbano, y más tarde en otros países de la región. Uno de sus primeros directores, fue el gran misionero Mons. Carlos Lavigerie. En 1860 viajó al Líbano y Siria, con motivo de las matanzas de cristianos. Recomendó que se abrieran hospitales y dispensarios para atender a toda la población y fue allí donde descubrió su vocación misionera, que le llevaría más tarde a fundar la Congregación de los Padres Blancos