Entrevista al
misionero Gabriel Larreta
(gentileza de la Revista de Misiones Salesianas, nro. 239)
¿Cómo está la situación en Etiopía?
R.- Etiopía vive hoy con cierta tranquilidad política. No hay
grandes sobresaltos. De vez en cuando se produce algún altercado o los
ciudadanos salen a la calle a protestar por la falta de trabajo. Pero tras años
de conflictos, con la vecina Eritrea, hoy Etiopía es un país con cierta
estabilidad. No obstante, el 50% de la población no tiene trabajo. Pasa el día
en corrillos, al lado de la carretera, por si pasa alguien que necesite
trabajadores. Pero, rara vez ocurre.
Usted lleva más de ocho años
en Etiopía, ¿cómo ha visto cambiar el país?
R.- Bueno, Etiopía se va adaptando y hoy es un país de grandes
contrastes. Por ejemplo, en Addis Abeba puedes ver grandes edificios modernos
convivir con calles llenas de polvo y llenas de gente sin hacer nada durante
todo el día. Hace daño al corazón ver la pobreza y la miseria de las personas.
Pero, frente a la pobreza general del país, hay un 6% de la población que es
tremendamente rica y vive rodeada de lujo. Pero también ves cantidad de
personas que piden por las calles. Yo digo que hay más mendigos que moscas, y
moscas hay muchas en Etiopía. Para estas personas, la mendicidad es su medio de
vida. Se pasan horas delante de la iglesia. Para ellos es como un trabajo. Es
increíble la resignación en la que viven, aceptan completamente la vida que les
ha tocado vivir y no hacen mucho por cambiar su realidad.
La sequía está produciendo
graves efectos en el país, como en el resto del Cuerno de África…
R.- Sí, este es ya el tercer año de sequía y en un país donde
el 80% de la población depende de la agricultura la falta de agua es muy grave.
La región Somalí de Etiopía es una de las zonas más castigadas, es la zona más
al Sur del país. La sequía está provocando la escasez de alimentos y que los
que hay hayan subido de precio, casi inalcanzables para muchas personas. El
Gobierno, ahora, está construyendo una presa en el Río Nilo y esperemos sea
algo bueno para el futuro.
¿La llegada de refugiados
somalíes ha parado?
R.- Sí, eso parece. La frontera con Somalia está alejada de la
misión de Debre Zeit, en la que vivo, pero las noticias son que el número de
refugiados es estable. Pero la situación en Somalia es muy difícil. Yo me pregunto
por qué el dinero que llega a Etiopía o a Kenya para ayudar a los refugiados no
llega a Somalia para que no haya refugiados. Entiendo que la situación para los
organizaciones y organismos internacionales es muy difícil, pero que miles de personas
lleguen a países con mucha pobreza, como Etiopía… No les pueden ayudar.
Antes hablaba de la
construcción de una presa… ¿están mejorando las infraestructuras?
R.- Creo que hemos caído en las “garras” de China, que se ha
convertido en la gran, o única, inversora en el país. Ya se está hablando de la
construcción de una red de trenes por todo el país y de una gran autopista que
comunique las ciudades importantes. Todo esto da un poco de vértigo, la verdad.
Usted vive en Debre Zeit…
R.- Sí, muy cerca de Addis Abeba. Cuenta con 110.000 habitantes
y cuenta con la Base Aeronáutica del Ejército, que da vida a la ciudad.
¿Cuéntenos sobre el trabajo
de la misión salesiana?
R.- En Debre Zeit, contamos con un noviciado y un centro
juvenil, en el que realizamos muchas actividades. Es un centro muy vivo. Al
centro juvenil acuden cada día más de 300 niños y jóvenes. Por un lado, tienen
un espacio para poder estudiar. Muchos chavales no tienen mesas ni sillas en
sus casas y, mucho menos luz. En el centro cuentan con un espacio donde pueden
estudiar y realizar sus tareas. Además, se realiza un taller de peluquería, una
escuela de danza… contamos con una sala de ordenadores y se llevan a cabo
actividades deportivas. También tenemos un espacio de actividades para mujeres,
donde las madres se reúnen para charlar, reciben clases de alfabetización y de
bordado. Y, por último, hemos abierto un comedor infantil, donde niños de entre
4 y 8 años reciben el desayuno y la merienda. Sólo nos da para un vaso de leche
y un trozo de pan, pero para muchos es su única comida.



















































