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15 de junio de 2012

Etiopía: un país de contrastes

Entrevista al misionero Gabriel Larreta 
(gentileza de la Revista de Misiones Salesianas, nro. 239)

¿Cómo está la situación en Etiopía?
R.- Etiopía vive hoy con cierta tranquilidad política. No hay grandes sobresaltos. De vez en cuando se produce algún altercado o los ciudadanos salen a la calle a protestar por la falta de trabajo. Pero tras años de conflictos, con la vecina Eritrea, hoy Etiopía es un país con cierta estabilidad. No obstante, el 50% de la población no tiene trabajo. Pasa el día en corrillos, al lado de la carretera, por si pasa alguien que necesite trabajadores. Pero, rara vez ocurre.
Usted lleva más de ocho años en Etiopía, ¿cómo ha visto cambiar el país?
R.- Bueno, Etiopía se va adaptando y hoy es un país de grandes contrastes. Por ejemplo, en Addis Abeba puedes ver grandes edificios modernos convivir con calles llenas de polvo y llenas de gente sin hacer nada durante todo el día. Hace daño al corazón ver la pobreza y la miseria de las personas. Pero, frente a la pobreza general del país, hay un 6% de la población que es tremendamente rica y vive rodeada de lujo. Pero también ves cantidad de personas que piden por las calles. Yo digo que hay más mendigos que moscas, y moscas hay muchas en Etiopía. Para estas personas, la mendicidad es su medio de vida. Se pasan horas delante de la iglesia. Para ellos es como un trabajo. Es increíble la resignación en la que viven, aceptan completamente la vida que les ha tocado vivir y no hacen mucho por cambiar su realidad.

La sequía está produciendo graves efectos en el país, como en el resto del Cuerno de África…
R.- Sí, este es ya el tercer año de sequía y en un país donde el 80% de la población depende de la agricultura la falta de agua es muy grave. La región Somalí de Etiopía es una de las zonas más castigadas, es la zona más al Sur del país. La sequía está provocando la escasez de alimentos y que los que hay hayan subido de precio, casi inalcanzables para muchas personas. El Gobierno, ahora, está construyendo una presa en el Río Nilo y esperemos sea algo bueno para el futuro.
¿La llegada de refugiados somalíes ha parado?
R.- Sí, eso parece. La frontera con Somalia está alejada de la misión de Debre Zeit, en la que vivo, pero las noticias son que el número de refugiados es estable. Pero la situación en Somalia es muy difícil. Yo me pregunto por qué el dinero que llega a Etiopía o a Kenya para ayudar a los refugiados no llega a Somalia para que no haya refugiados. Entiendo que la situación para los organizaciones y organismos internacionales es muy difícil, pero que miles de personas lleguen a países con mucha pobreza, como Etiopía… No les pueden ayudar.
Antes hablaba de la construcción de una presa… ¿están mejorando las infraestructuras?
R.- Creo que hemos caído en las “garras” de China, que se ha convertido en la gran, o única, inversora en el país. Ya se está hablando de la construcción de una red de trenes por todo el país y de una gran autopista que comunique las ciudades importantes. Todo esto da un poco de vértigo, la verdad.
Usted vive en Debre Zeit…
R.- Sí, muy cerca de Addis Abeba. Cuenta con 110.000 habitantes y cuenta con la Base Aeronáutica del Ejército, que da vida a la ciudad.
¿Cuéntenos sobre el trabajo de la misión salesiana?
R.- En Debre Zeit, contamos con un noviciado y un centro juvenil, en el que realizamos muchas actividades. Es un centro muy vivo. Al centro juvenil acuden cada día más de 300 niños y jóvenes. Por un lado, tienen un espacio para poder estudiar. Muchos chavales no tienen mesas ni sillas en sus casas y, mucho menos luz. En el centro cuentan con un espacio donde pueden estudiar y realizar sus tareas. Además, se realiza un taller de peluquería, una escuela de danza… contamos con una sala de ordenadores y se llevan a cabo actividades deportivas. También tenemos un espacio de actividades para mujeres, donde las madres se reúnen para charlar, reciben clases de alfabetización y de bordado. Y, por último, hemos abierto un comedor infantil, donde niños de entre 4 y 8 años reciben el desayuno y la merienda. Sólo nos da para un vaso de leche y un trozo de pan, pero para muchos es su única comida.