Felicito a todos los misioneros de la Diócesis
de Coria-Cáceres, al Señor Obispo Don Francisco Cerro, al Delegado de Misiones Don
Pedro Jesús Mohedano y especialmente a todos los fieles tan apostólicos y generosos
con las misiones. Nunca creí que en Cáceres hubiera tanto dinero para las misiones.
Leer la carta del Señor Obispo, la interesante
Memoria de la Delegación de Misiones y tantos y tantos testimonios de vida cristiana
en la Diócesis, ha sido para mí un verdadero baño misionero que estaba necesitando.
Creo que nunca les he escrito, no me conocen
ni conozco personalmente a los demás misioneros. Por eso, les cuento ahora algo
de mi vida, esperando seguir en comunicación de ahora en adelante.
Nací hace 82 años en la zona más pobre de
la Diócesis, en Las Hurdes, en el pueblo de Cabezo, donde tuve desde los seis años
de edad excelentes maestros y párrocos que me orientaron a la vida sacerdotal.
Al salir de la escuela del pueblo (en aquel
tiempo se terminaba la escuela a los 14 años), fui a los seminarios salesianos de
Andalucía (Antequera, Montilla, y San José del Valle - Cádiz).
Tras dos meses en Italia, 32 días de barco
desde Génova a Centro América, El Salvador.
Cursada la Teología en Turín (Italia) con
la tesis doctoral sobre el Ecumenismo dirigida por el que después sería el Cardenal
Antonio María Javierre, volví a Centro América (Guatemala) como profesor y director
de teólogos.
Desde entonces, casi toda la vida trabajé
con seminaristas (Guatemala e Israel) y universitarios y hasta fundé colegios y
universidades en El Salvador y en Guatemala.
Pero
siempre trabajé al mismo tiempo también con indígenas, de los cuales aprendí el
amor a la Palabra de Dios... ¡Y pensar que muchos de ellos eran analfabetos...!
Pero ¡qué lecciones me dio aquella gente tan sencilla!... Siempre se cumple lo que
dice el Evangelio sobre los pobres y sencillos...
Con los seminaristas del Teologado Salesiano
en la Capital organizábamos cursillos bíblicos, frecuentados por la gente más pobre
y sencilla. En aquellos años constaté con mis propios ojos que el pueblo latinoamericano
está literalmente sediento de la Palabra de Dios... En América mucho más que en
España.
En los últimos quince años he trabajado
en el occidente de Guatemala en una zona que limita con Chiapas (Méjico), cuya población
es en su gran mayoría indígena (maya-quiché), gente muy religiosa. También allí
con colegiales, universitarios y los numerosos fieles de la parroquia. Había que
hacer de todo, hasta de constructor de capillas y aulas para los colegios y la universidad...
Ahora llevo una vida menos agitada en la
obra salesiana de Cartago, Costa Rica como encargado del templo Don Bosco.
Pero
siempre abunda el trabajo pastoral: confesiones diarias mañana y tarde y especialmente
los fines de semana con filas interminables... En las horas de oficina, dirección
o consejería espiritual que en Costa Rica es muy frecuente.
Y con la poca voz que me queda, un programa
de evangelización en la radio de la Diócesis.
Lo que más me ha impresionado es la fe de
esta nación... hasta tal punto que se podría repetir la frase evangélica: "nunca
he visto tanta fe en Israel"...
Costa Rica es famosa por su democracia.
Por Constitución no tiene ejército, pero siempre ha tenido un ejército de maestros
que hace muchos años hicieron desaparecer el analfabetismo hasta en los últimos
rincones de la República.
Y lo más admirable de esta nación es que
siendo tan democrática y educada, la población es tal vez la más religiosa de América...
Con lo cual se prueba una vez más que el progreso no está reñido con la profunda
fe de un pueblo. Todo lo contrario, van muy de la mano.
Bueno, creo que ya les cansé con este rollo
o testamento...
Recemos unos por otros para que el Señor
nos ayude a seguir en la lucha hasta el final...
Ángel Roncero Marcos, salesiano.



















































