“La ternura es uno
de los rostros más bonitos de Dios que dan los misioneros”, afirma la hermana
Montserrat Varela, Franciscana Misionera de María, desde su misión en Mbalouma,
Congo Brazzaville.
Montserrat Varela es de La Coruña y desde hace 39 años
está de misionera y enfermera en el Congo. La lengua oficial del Congo (Brazza)
es el francés pero mucha gente de la selva habla solamente la lengua local.
Ella ha tenido que aprender dos lenguas del país y para empezar una charla,
reza siempre el Padrenuestro en “lingala”. Comienzan con “Tata wa biso...” ya
que, “como en numerosas lenguas, llamamos Padre al mismo Dios por lo que todos
somos hermanos”.
Recuerda Montserrat que “estamos en el Año de la FE y es
a causa de la fe que yo soy misionera y estoy en el Congo. Creo en Jesucristo,
creo en su Mensaje de Amor, de Paz, de Justicia y de Gozo y creo que también a
mí, como a sus discípulos me envió a proclamar la Buena Noticia a todos los
pueblos”. Además ella anuncia esta Buena Noticia especialmente cuidando a los
enfermos. Ha estado casi siempre en lugares de la selva en hospitales en donde
no había médico. “Últimamente estoy trabajando con los pigmeos, que hoy se llaman
autóctonos, una etnia muy primitiva y marginada, considerada inferior por los
bantús”.
La misión donde trabaja Montserrat se encuentra al norte
del Congo-Brazzaville. “Se llama Ouesso y a 5 km. se encuentra un poblado de
autóctonos en donde hemos construido una escuela primaria y un centro de salud.
La educación es muy importante para que este pueblo pueda integrarse en la
sociedad y llevar una vida más digna. Es difícil la regularidad en la escuela
pues en ciertas épocas del año los niños se escapan a la selva para recoger
frutos salvajes, gusanillos u otros insectos que son su verdadero manjar. Este
año con ayuda de un organismo hemos conseguido tener un desayuno diario para
los alumnos y con esto esperamos que sean asiduos a la escuela. La educación forma
parte de la misión, es importante por su futuro desarrollo e inserción en la
sociedad. El puesto de salud es muy frecuentado por los alumnos y enfermos del
poblado y alrededores. A veces vienen a curarse de varios kilómetros de
distancia. Sufren de muchas enfermedades como la tuberculosis, malaria,
infecciones intestinales, de la piel, sida, bronquitis, picaduras de serpientes
etc. A pesar de la educación sanitaria que es muy importante, las condiciones
de vida favorecen los contagios pues viven en pequeñas chozas varios miembros
de una familia”.
Cuenta esta misionera que los habitantes de esta zona
fabrican una bebida local, el “ngolo-ngolo”, ngolo significa fuerte, que beben
con frecuencia y que es nociva para la salud, especialmente cuando toman el tratamiento
de la tuberculosis que es incompatible con el alcohol. Mucha gente muere de
esta enfermedad por no poder dejar la bebida.
“Sabemos que cada vez que ayudamos a uno de nuestros
hermanos o hermanas que sufren necesidad, sea en el Congo o en cualquier parte
del mundo, es a Jesús mismo que lo hacemos. Recuerdo que un joven de un
Instituto en la diócesis de Tenerife me preguntó una vez, qué es lo mejor que
yo había hecho en el Congo y le respondí quererlos”.


















































