• INFANCIA MISIONERA 2022


    ¡Comienza a preparar la jornada!
  • CONCURSO INFANCIA MISIONERA 2022


    Tú eres luz para el mundo
  • MEMORIA DE ACTIVIDADES 2020


    ¡Así fue 2020 en Obras Misionales Pontificias!
  • AYUDA A LAS MISIONES


    Colabora con los misioneros españoles

4 de diciembre de 2012

Montserrat Varela, misionera en el Congo: la ternura, uno de los rostros más bonitos de Dios


“La ternura es uno de los rostros más bonitos de Dios que dan los misioneros”, afirma la hermana Montserrat Varela, Franciscana Misionera de María, desde su misión en Mbalouma, Congo Brazzaville.
Montserrat Varela es de La Coruña y desde hace 39 años está de misionera y enfermera en el Congo. La lengua oficial del Congo (Brazza) es el francés pero mucha gente de la selva habla solamente la lengua local. Ella ha tenido que aprender dos lenguas del país y para empezar una charla, reza siempre el Padrenuestro en “lingala”. Comienzan con “Tata wa biso...” ya que, “como en numerosas lenguas, llamamos Padre al mismo Dios por lo que todos somos hermanos”.
Recuerda Montserrat que “estamos en el Año de la FE y es a causa de la fe que yo soy misionera y estoy en el Congo. Creo en Jesucristo, creo en su Mensaje de Amor, de Paz, de Justicia y de Gozo y creo que también a mí, como a sus discípulos me envió a proclamar la Buena Noticia a todos los pueblos”. Además ella anuncia esta Buena Noticia especialmente cuidando a los enfermos. Ha estado casi siempre en lugares de la selva en hospitales en donde no había médico. “Últimamente estoy trabajando con los pigmeos, que hoy se llaman autóctonos, una etnia muy primitiva y marginada, considerada inferior por los bantús”.
La misión donde trabaja Montserrat se encuentra al norte del Congo-Brazzaville. “Se llama Ouesso y a 5 km. se encuentra un poblado de autóctonos en donde hemos construido una escuela primaria y un centro de salud. La educación es muy importante para que este pueblo pueda integrarse en la sociedad y llevar una vida más digna. Es difícil la regularidad en la escuela pues en ciertas épocas del año los niños se escapan a la selva para recoger frutos salvajes, gusanillos u otros insectos que son su verdadero manjar. Este año con ayuda de un organismo hemos conseguido tener un desayuno diario para los alumnos y con esto esperamos que sean asiduos a la escuela. La educación forma parte de la misión, es importante por su futuro desarrollo e inserción en la sociedad. El puesto de salud es muy frecuentado por los alumnos y enfermos del poblado y alrededores. A veces vienen a curarse de varios kilómetros de distancia. Sufren de muchas enfermedades como la tuberculosis, malaria, infecciones intestinales, de la piel, sida, bronquitis, picaduras de serpientes etc. A pesar de la educación sanitaria que es muy importante, las condiciones de vida favorecen los contagios pues viven en pequeñas chozas varios miembros de una familia”.
Cuenta esta misionera que los habitantes de esta zona fabrican una bebida local, el “ngolo-ngolo”, ngolo significa fuerte, que beben con frecuencia y que es nociva para la salud, especialmente cuando toman el tratamiento de la tuberculosis que es incompatible con el alcohol. Mucha gente muere de esta enfermedad por no poder dejar la bebida.
“Sabemos que cada vez que ayudamos a uno de nuestros hermanos o hermanas que sufren necesidad, sea en el Congo o en cualquier parte del mundo, es a Jesús mismo que lo hacemos. Recuerdo que un joven de un Instituto en la diócesis de Tenerife me preguntó una vez, qué es lo mejor que yo había hecho en el Congo y le respondí quererlos”.