Mons. Ciriaco Benavente Mateos, Obispo de Albacete, se
dirige a sus fieles diocesanos, con motivo del DOMUND 2013, en el que valora lo
que significa esta celebración para todos los cristianos:
“Pienso, a veces, que, en nuestra Iglesia, son los niños
quienes gozan de una conciencia misionera más viva. Su participación en los
encuentros misioneros diocesanos es admirable en número y entusiasmo. Hay
adultos que incluso han asociado el Domund a la cuestación que con tanto
encanto realizan los niños, una vez al año, con sus huchas misioneras por
calles y plazas.
Pero el Domund es más que eso. Es la fiesta que nos
invita a tomar conciencia del encargo misionero de Jesús de anunciar su
Evangelio a todos los pueblos. Un mandato confiado a la Iglesia y, por
consiguiente, a todos y cada uno de sus miembros. ‘La Iglesia, decía el Beato
Juan Pablo II, es la cuna en que María coloca a Jesús y lo entrega a la
adoración y contemplación de todos los pueblos’.
El Domund, además, nos ayuda a recordar a los miles de
misioneros y misioneras que anuncian el Evangelio y que, día a día, siembran en
esta tierra nuestra los gestos más gratuitos de entrega y servicio a los demás.
Donde hay un misionero brilla la luz del Evangelio, se vive el servicio amoroso
a los hermanos y, como consecuencia, florece la promoción humana. Lo expresa
muy bien el lema de este año: Fe + Caridad = Misión. ‘La existencia cristiana -decía
Benedicto XVI- consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios
para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de este,
a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios’. La
ecuación Fe + Caridad = Amor, marcada con trazos fuertes en un encerado, y el
recuadro con el Papa Francisco, besando unos pies que acaba de lavar, son el
cartel, bien significativo y elocuente, de esta Jornada.
En el mensaje del Papa Francisco podemos espigar frases
que han de interpelarnos. Os cito alguna para vuestra oración y reflexión: Nos
recuerda el Papa que ‘la fe es un don que no se reserva a unos pocos, sino que
debe ser compartido’, que ‘el anuncio del Evangelio es parte del ser discípulo
de Cristo’, que ‘la fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, se
mide por la capacidad de comunicarla’. El Domund, en este Año de la Fe, es
también una ocasión propicia para revisar la hondura de la misma y nuestra
alegría y coraje para comunicarla.
Estamos asistiendo en nuestro mundo a cambios profundos:
Pensemos en la globalización y en lo que ésta conlleva, en la fuerza de los
medios de comunicación o en el fenómeno migratorio. Existe también, junto a los
conflictos bélicos y la crisis económica o del medio ambiente, la crisis del
sentido profundo de la vida y los valores fundamentales que la animan y
sostienen. Ante esta situación nos recuerda el papa que ‘se vuelve más urgente
llevar a estas realidades el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza,
de reconciliación, de comunión, de cercanía de Dios, de su misericordia y
salvación’.
Lamenta el Papa que ‘a menudo, la obra de la
evangelización encuentra obstáculos no sólo fuera, sino dentro de la comunidad
eclesial. A veces, el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a
todos el mensaje de Cristo y ayudar a encontrarlo son débiles; en ocasiones
todavía se piensa que llevar la verdad del Evangelio es violentar la libertad’.
A esta objeción responde el Santo Padre con las palabras de Pablo VI: ‘Sería un
error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero
proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por
Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto a las opciones libres que
luego pueda hacer – es un homenaje a esta libertad’ (EN 80).
Nuestro mundo, que incluso en países de antigua
cristiandad, vuelve a ser pagano necesita una luz fuerte que ilumine su camino
y que sólo el encuentro con Cristo – así lo creemos- puede darle.
El Papa Francisco, que no cesa de instarnos a salir de
nosotros mismos e ir a las periferias, pues eso es la misión, nos recuerda, una
vez más que ‘la Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una
ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del espíritu
Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y
desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de
salvación que el Señor nos ha dado’.
Antes de terminar, permitidme hacer una llamada a vuestra
generosidad. Desde que empezó la crisis económica han bajado significativamente
las colectas para misiones. Tenemos muy cerca de nosotros personas muy
necesitadas, es verdad, pero nuestra crisis no es comparable con la crisis
crónica que se sufre en muchos lugares del mundo. De ello saben mucho nuestros
misioneros. Sed, pues, generosos. ¡Muchas gracias!”


















































