El Domund ha enviado este año una pequeña aportación,
3.500 dólares, a la parroquia de Tamanrasset, Argelia, en pleno desierto del
Sáhara, en tierra Tuareg, en un país musulmán... Fue en esta población, allá
por 1916, donde fue asesinado Charles de Foucauld, converso, monje y maestro de
espiritualidad, pero también escritor de talento, lingüista insigne y
explorador. Un beato que ha marcado profundamente la espiritualidad del siglo
XX, por su vuelta al desierto y su amor a los más pequeños.
En Tamanrasset vivió el beato Charles de Foucauld durante
más de once años siendo lo que había buscado desde su conversión, 30 años
antes, el último de los últimos, intentando ser la presencia de Dios en medio
de los pobres habitantes de Tamanrasset: “Quisiera ser lo bastante bueno para
que ellos digan: Si así es el servidor, ¿cómo será el Maestro...?”.
Hoy son muchos los peregrinos que acuden a visitar los
lugares donde vivió este gran hombre que quiso ser pequeño. Pero además de
lugar de peregrinación, Tamanrasset es también un lugar de paso, de aquellos
que, desde más al sur, cruzan el Sáhara en dirección al opulento norte que está
más allá de un mar que puede ser que nunca lleguen a ver.
El misionero y obispo del lugar, Mons. Claude Rault,
recuerda la impactante experiencia de una misa en Tamanrasset: “La mayoría de
los asistentes eran inmigrantes cristianos, en espera de partir para el norte, siempre
con el riesgo de ser deportados. Estos cristianos, hombres y mujeres, no acuden
a la iglesia para pedir ayuda material, que se les apoye y se les ayude. Ellos
vienen a orar, a clamar a Dios su esperanza y su angustia”.
El Domund, que celebramos este próximo 20 de octubre, ha
dado su ayuda a Tamanrasset, porque también es misión. Como decía un sacerdote
francés que estuvo como párroco en este lugar tan lejano de todo: “No he ido
allí, como evangelizador, sino como la presencia discreta de la Iglesia de
Cristo”… Y aún así, para muchos argelinos la casa capilla de Foucauld y la
ermita donde se retiraba a orar en Assekrem, en medio de las desérticas
montañas, son patrimonio nacional… el patrimonio de adobe que dejó tras de sí
Charles de Foucauld


















































